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La Serpiente  Emplumada en Teotihuacán

“¡Que el polvo no nos impida ver! –dijo Quetzalcoatl- de nada sirve una pirámide si solo es un amontonamiento y no hay nada en ella que sea concierto e intención. Más altas serán siempre las montañas y en ellas no se adora al creador ”

Cuando visitamos la gran Teotihuacán siempre nos queda la inquietud sobre los tiempos en que ésta fue construida o nos vamos impresionados por sus majestuosas pirámides, pero más allá de todo dato histórico y enormes construcciones, está la gran simbología a través de la cual enseño Quetzalcoatl.

En esta ocasión nos enfocaremos al muro de las serpientes emplumadas que se encuentra en el templo de Quetzalcoatl.

Templo de Quetzalcoatl Teotihuacan

Es un muro lleno de enseñanzas para la conciencia del ser humano, pero del ser humano investigador y observador de todo lo que está oculto detrás de lo que aparentemente solo es un conjunto de rocas labradas…

Sobresalen  varios elementos, obviamente, las cabezas se serpiente emergiendo de una flor, los caracoles y conchas marinas, el cuerpo de la serpiente con sus cascabeles y la figura del Dios de la lluvia Tlaloc.

Los caracoles y conchas nos recuerdan el origen de Quetzalcoatl, que surge entre las aguas de la vida entendiéndolo como que los valores más extraordinarios del ser humano, siempre serán el resultado del trabajo o el sabio uso de sus aguas internas o energías creadoras-sexuales.

Los caracoles nos dicen que para ello como las vueltas del caracol  a través de constantes retornos en este plano físico tenemos que aprender a vivir en pleno equilibrio entre lo físico y lo interno flotando entre las aguas de la vida que es todo este plano y los planos internos en donde nos desenvolvemos, somos como pequeños caracoles en este inmenso océano de la vida en un proceso de transformación para un día convertirnos en serpientes emplumadas o en seres que reúnan en su vida todos esos principios cósmicos que enseño Quetzalcoatl y que obviamente cristalizo en su existencia.

Sin embargo un gran sabio dijo:

“La espiral es la curva de la vida y está simbolizada siempre por el caracol. Nosotros somos malos caracoles entre el seno del Padre. Obviamente nos desenvolvemos, evolucionamos e involucionamos en la línea espiral de la existencia”

Pero  precisamente la enseñanza del muro de las serpientes es para trascender esas formas erróneas que tenemos de vivir y por eso aparece la misma serpiente emplumada con sus cascabeles envolviendo todo el muro; ella es la protectora de la vida, el aspecto femenino de la existencia que cuida, protege, arrulla, guía y le da luz a sus hijos, por eso Quetzalcoatl siempre afirmó que en el universo estrellado de Urania, su madre, la Gran Serpiente lo cuidaba y al final de sus días lo llamaba para que regresara al seno materno es decir a la total regeneración de su existencia.

 Tlaloc en Teotihuacan

Tlacoc el vino que bebe la tierra, aparece en actitud de contribuir a la enseñanza de las colosales cabezas de serpiente, como diciendo que el agua es el liquido sagrado de los dioses y por lo tanto de los hombres y que es necesario aprender a utilizarla tanto en el aspecto físico como interior, teniendo en cuenta que nuestra tierra es nuestro cuerpo y todo su funcionamiento atómico y las aguas o el vino que bebe la tierra  son todos los líquidos que llevamos adentro especialmente ese con el que se crean las rocas, las plantas, los hombres y hasta los mismos dioses, el ens seminis o la simiente humana que sabiamente utilizada es capaz de regenerar hasta el ser humano más débil de este mundo.

Y en primer plano como síntesis de todo lo anterior emergen las cabezas de serpiente emplumada, Quetzalcoatl surge como  resultado de la labor con los anteriores elementos, mostrando sus grandes fauces cuyos colmillos nos recuerdan la fiereza o como a veces decimos el colmillo que hay que tener para enfrentar la vida pero no ese colmillo bien retorcido que a veces más bien parece astucia para engañar a los demás, ¡no! sino esa fuerza que internamente nos sirva para enfrentar los sucesos más complicados de nuestra existencia y claro también los más sublimes.

Y esos Grandes ojos de Obsidiana nos dicen que hay que estar alerta en todo lo que hacemos porque ante los ojos de lo divino siempre seremos esos que somos, aun cuando por fuera nos escondamos o queramos aparentar lo que realmente no tenemos.

Al estar alerta de nuestra propia vida no de la ajena, entonces podemos descubrir que adentro de nuestra psiquis hay cosas que no nos sirven y otras que es necesario cultivar y fortalecer.

La cabeza emerge de una flor símbolo de las virtudes y de que solo de allí pueden volver los Quetzalcoatls que en potencia  los seres humanos llevamos en nuestro interior.

Así mas allá de solo formar parte de la mitología Nahua, el muro de las serpientes emplumadas que precisamente fue elaborado en el Templo de Quetzalcoatl, nos vuelve a recordar y a reafirmar que entre los viejos sabios de Anáhuac  siempre existió ese amor por la humanidad a tal grado de dejarnos una herencia de esas que nos hacen millonarios en valores y que a veces lamentablemente despreciamos, pero que seguramente para muchos de nosotros representan parte de la formación humana que siempre hemos buscado.

“Tres veces intentaron echar la balsa al mar y tres veces el mar la regresó. A la cuarta, les pidió que lo amarraran a la cruz, y así, amarrado, sobre una gran ola, se fue la balsa de serpientes con Quetzalcoatl unido, por fin, al Árbol del Universo.

Hammurabi Luis Rivera.I.C.Q.  Tulancingo, Hgo.

“Amigos si en la vieja Europa se adoró al Cristo, quiero que sepan también que aquí se reverenció al Cristo cósmico, a nuestro señor Quetzalcoatl. No es pues Quetzalcoatl un ídolo como presumen de ello muchos supercivilizados ignorantes. El drama de nuestro Señor Quetzalcoatl es formidable, extraordinario, maravilloso, es el mismo drama de Jeshua Ven Pandira, es decir, el mismo drama de nuestro señor el Cristo bien podemos asegurar y en nombre de la verdad que Quetzalcoatl es el Cristo.  Vemos cuidadosamente los viejos códices, hallaremos riquísima información sobre nuestro señor Quetzalcoatl.” Samael Aun Weor

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