Cempoala lugar de las 20 aguas

Zona Arqueológica Cempoala, Fotografías tomadas por alumnos del ICQ

Zona Arqueológica Cempoala, Fotografías tomadas por alumnos del ICQ

Cempoala se traduce como lugar de las 20 aguas, dándonos una idea del conocimiento que aquí se entregó en su época de esplendor; muy parecido a Chichén Itzá o lugar de los “Magos del Agua”. Indudablemente destacan la idea de trabajar con las aguas puras de la vida, las que dieron origen al universo y que micro cósmicamente nos trajeron al tapete de la existencia.

Es decir, la principal enseñanza aquí manifiesta es hablarnos del origen de la vida y del universo, cuyas leyes son las mismas claves que debemos llevar a cabo para transmutar la energía creadora (agua) y así transformarnos y salir del estado inhumano en el que ahorita nos encontramos. Así lo atestigua su nombre, los canales subterráneos que tiene y hasta la piedra con la que es construida ya que son miles y miles de piedras de río.

Un mensaje claro va directo a nuestra conciencia: Voluntad de piedra para transformar las pasiones animales, para que el agua pura de vida nos de la luz.

Los totonacas

Es admirable como en los nombres encontramos sabiduría. “Tres corazones”, así se traduce la palabra “Totonaca” a la gente que pobló estos lugares. Algunos lo llamarían: Cábala fonética o simbolismos en las palabras. Que dejan a quienes escuchan un significado de acuerdo con su nivel de Ser. Los antropólogos lo interpretan como los tres principales lugares donde floreció esta cultura; la gente de este pueblo como las virtudes que lo caracterizan; nosotros los gnósticos encontramos algo más…

Al referirnos al corazón, nos vamos a que la iniciación no es para la mente, sino para cosas precisamente del sentimiento o corazón. Al ser tres corazones, nos referimos a las tres tareas principales a realizar para lograr emanciparnos, llegar a la iluminación budista, a la Auto realización íntima del Ser. Nos referimos a los Tres Logos: El Padre que es la verdad, el Hijo que es el Amor y el Espíritu Santo que es el poder.

Han pasado muchos años, pero las enseñanzas continúan plasmadas en sus misteriosos templos y en sus tradiciones que se pierden en la noche de los siglos, para que los más osados las descifren, pues han estado ocultas en las profundas reconditeces de su propio Ser.

Los voladores

Un ritual arcaico que ha llegado a nuestros días es todo un libro abierto para el que tenga ojos para ver, vea. En antiguos tiempos tan sólo para cortar el árbol que habría de servir para realizar el ritual sagrado, era toda una disciplina, se preparaban con ayunos, meditaciones, castidad y austeridades. No era cualquier árbol, pues se trata de representar la fertilidad pensando en el eterno principio masculino de la creación y la tierra como principio eterno femenino.

Se suben a lo alto 5 personajes (símbolo de la rectitud), no cualquiera, sino guerreros de la vida, gente muy preparada esotéricamente, vestidos de ave (el Espíritu Santo). Uno permanece en la alto del tronco, hablando con el Sol (El Padre que está en Secreto) y tocando el tamboril (los mantrams sagrados, el verbo divino). Pidiendo fertilidad para sus campos, solicitando la vida.

Descienden entre las suplicas, las oraciones, la danza sagrada, dando trece vueltas (la muerte del ego) y claro coincidiendo con los trece cielos de nuestros antepasados y la división calendárica de entonces.

Imaginemos a estos voladores desde el cielo, y nos sorprenderá ver una cruz en movimiento, dándonos el mensaje: forma esa cruz en tu interior con tu trabajo en las aguas de la vida, cuando se transmuta la energía creadora, es que ponemos esa cruz en movimiento, la misma cruz Jaina de la India.

La flor de la Vainilla

Una de las cosas más sagradas en esta cultura es la Flor de vainilla, se ha dicho que una mujer al echar una flor de vainilla en el mar liberará el dios del trueno (a nuestro real Ser interior profundo). Es flor es el verbo divino, el Logos y por supuesto la belleza del amor. Y así está descrito en el origen de la vainilla.

Hace mucho tiempo, existió un templo consagrado a la diosa protectora de la siembra y sustento de los pueblos (Tonacayohua), para pedir por los alimentos; en el templo existían seis doncellas encargadas de su mantenimiento. Dicen las tradiciones que, en el paso de los tiempos, hubo una doncella llamada: “Estrella de la Mañana” (el amor, Venus), a pesar de que estaba prohibido se enamoró de “Joven venado” (El alma humana) y huyeron para lo profundo del bosque.

Pero un monstruo los obligó a regresar y fueron degollados en el altar del templo (la desintegración de la mente animal), sus corazones fueron arrancados (la muerte de las pasiones animales que nos atormentan día a día) y su sangre derramada en el altar de la diosa (El sacrificio consciente) y en su lugar, nació primero una frágil plantita, que fue fortaleciéndose día a día y por fin nació una flor muy hermosa, llena de aroma, era nada más ni nada menos que “Flor recóndita” (Xanath) conocida por nosotros como la vainilla.

La misma flor de loto de la India, la rosa sagrada de Europa. Es a través de la fuerza maravillosa del amor, del sacrificio de las pasiones, como podemos lograr que nazca el cristo interior.

La casa del trueno

Hace mucho, mucho tiempo… hubo una caverna dedicada al dios del Trueno, de la lluvia y de las aguas de los ríos. Cada vez que había que sembrar la tierra Siete sacerdotes se reunían para llamarlo. Por qué siete es la organización, la perfección y la lucha contra las fuerzas del mal que hay dentro de nosotros.

Siete veces lo invocaban a los 4 puntos cardinales. Y la respuesta no se hacía esperar. Dándonos a entender que la lluvia, las montañas, los ríos y la naturaleza entera no es algo muerto; sino que hay principios inteligentes gobernando toda la creación.

Afirman las tradiciones que, con el paso del tiempo, los siete sacerdotes cayeron en abusos entre más ruido hacían, entre más sonaban sus tambores, más relámpagos, más lluvia y más desastres por todos lados; refiriéndose obviamente a que, si por dentro somos un desastre, por fuera eso tendremos también. Esos siete sacerdotes no son más que nuestros siete defectos principales, los mismos pecados capitales.

Tal como lo podemos ver hoy en día, donde la naturaleza parece que está en contra de nosotros, pero en realidad no es más que el reflejo de lo que somos al contaminar nuestros ríos, al sobre explotar los mantos acuíferos, al acabar con las especies.

Un día, llegó gente diferente, del mar de las turquesas, parecían estar siempre sonriendo (la alegría del alma), se dice que habían sufrido muchas penurias (trascender las pruebas de la iniciación) y se denominaron “Tres corazones” o totonacas, personas sonrientes.

Los siete sacerdotes celosos de los llegados se dirigieron a la cueva a fin de producir truenos, relámpagos, rayos y lluvias y torrenciales aguaceros con el fin de que se fueran. La gente sonriente o totonacas, se dieron cuenta que la causa eran los siete sacerdotes (las cabezas de legión) entonces los obligaron a embarcarse en el mar de las turquesas donde desaparecieron para siempre (la muerte del Yo).

Se dieron cuenta que con esas fuerzas de la naturaleza podemos vivir en armonía con ellas, teniendo un gran respeto a las cosas sagradas, veneración a lo divino y en el mismo lugar hicieron el templo del dios del tueno, Tajín como se denominara en su lengua. Y a partir de ese momento curiosamente parecería que de ese templo se generasen las tempestades, los truenos y las lluvias torrenciales que fertiliza las tierras y hacen que se den los frutos y alimento.

Epílogo

Como podemos darnos cuenta, Cempoala es un libro abierto, que nos dice cómo regresar a nuestro punto de partida original, a establecer una conexión con lo divino, de la cual emanamos y debemos volver.

Hay que acabar con los siete sacerdotes malvados para que vuelva la armonía a nuestro interior, hay que hacer que nazca en nuestro interior la “Flor recóndita” (Vainilla) o el Cristo Interior.

Amigos: vistámonos con los ropajes del ave sagrada y hagamos girar la cruz para llamar al Sol de nuestro Padre y así lograr ser gente sonriente, verdaderos totonacas, con los tres corazones o las tres fuerzas divinales encarnadas.

Práctica

Llamemos al dios del trueno (Tajín), llamemos a la diosa protectora de la siembra y sustento de los pueblos (Tonacayohua)…

Ma. Guadalupe Rodríguez

Por: Ma. Guadalupe Rodríguez

Imagen: Cempoala : Lugar de las 20 aguas, fotografias tomadas por alumnos del ICQ

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