Introducción a los Sutras del Buda.
Por Virgilio Cuautle Roldán
La palabra Sutra viene del sánscrito y significa hilo o cordón, los sutras del Buda los podemos entender como los hilos conductores de la sabiduría divina. Los sutras son aforismos, es decir, son frases breves y concisas que expresan una verdad del Ser. Al estudiarlas, nos estimulan la auto reflexión íntima de sí mismos, nos motivan a auto explorar nuestra propia psicología para desarrollar el auto conocimiento de sí mismos a través de la meditación.

El Buda. Pintura de Lupita Ortiz.
Los sutras originales son enseñanzas orales de Siddhartha Gautama “El Buda” a sus discípulos, mismos que se transmitieron de labios a oídos durante generaciones enteras. Comenzaron a transmitirse oralmente desde su muerte alrededor del siglo V a.C.
Los primeros textos budistas fueron escritos entre los siglos I a.C. y I d.C. en Sri Lanka, donde se compiló el Canon Pali, una de las colecciones más antiguas de las enseñanzas budistas.
Es conveniente aclarar que los 53 sutras de Buda que vamos a estudiar en esta ocasión, aunque no son parte de una colección antigua reconocida por el budismo, y que más bien son una selección de frases, enseñanzas y reflexiones inspiradas en el budismo; mantienen la esencialidad del mismo.
Estimado lector, antes de adentrarnos en el estudio de los sutras de Buda, es necesario comprender que existen dos doctrinas, la doctrina del ojo y la doctrina del corazón. De la doctrina del ojo que tiene que ver con los conocimientos escolásticos de carácter intelectual, surgen máximas que suelen ser subjetivas aunque parezcan objetivas como ejemplo tenemos la frase de Descartes “pienso, luego existo” esta frase parece ser correcta bajo la doctrina del ojo pero si la analizamos desde el punto de vista de la doctrina del corazón, en el fondo es una máxima subjetiva ya que el Ser no piensa, está más allá de la mente; tampoco existe, todo lo que existe tiene un fin, el ser no tuvo principio ni tendrá fin, el ser Es, por siempre jamás.
Hoy en día existen muchas máximas de carácter subjetivo que embotellan a la conciencia y que le impiden su despertar, por ejemplo: “genio y figura, hasta la sepultura”. Este tipo de dicho popular, tenido como “Máxima de oro, en sentido general” es limitante para nuestra auto transformación psicológica y nos condiciona a la imposibilidad de un cambio real en sí mismos.
Si queremos crear al Hombre Psicológico dentro de nosotros mismos, debemos trabajar en sí mismos, no identificándonos con ninguna circunstancia; y auto observarnos de instante en instante, de momento en momento.
Existen sociedades, escuelas, órdenes, logias, religiones, sectas, que pretenden organizar la psiquis humana mediante ciertas máximas que llamaríamos “de oro”; pretenden lograr un comportamiento en todas las circunstancias de la vida en base a tal o cual máxima filosófica para lograr una purificación, santidad, auto perfección, etc. Pero eso es ir por el camino del error; queda claro que ni una máxima de tipo ético o religioso puede servir de patrón para todos los aconteceres de la vida. Ni aun siendo estructurada por la lógica superior de Ouspensky podría crear un nuevo cosmos.
Atenernos a una máxima, con el propósito de organizar nuestra psiquis, es absurdo. Esto significa convertirnos en esclavos.
Todas esas reglas o máximas, jamás pueden transformar a nadie. Un enunciado demostrativo, por muy rico que este fuese, y perfecto, podría ser falso, y lo que es peor: Intencionalmente falso. Para lograr una transformación de sí mismos debemos volvernos más individuales, aprender a pensar en forma independiente, porque las llamadas máximas de oro no podrían servir de patrón de medida para conseguir una transformación auténtica y una organización de la psiquis dentro de nosotros mismos.
Para organizar la psiquis interna, tenemos que salir de tanto racionalismo subjetivo, y afrontar nuestros errores, sin justificarlos, sin huir de ellos, sin disculparlos. debemos volvernos más serios; en el auto análisis, tenemos que ser, más juiciosos, más comprensivos; sin escapatorias, de esta manera podríamos conseguir la organización de nuestra psiquis. El señor Buda nos aconseja vigilar nuestra mente, el maestro Samael nos habla de auto observación psicológica, las enseñanzas budistas en su aspecto más puro, nos hablan de la muerte de los defectos psicológicos, con la muerte del yo logramos organizar nuestra psiquis.
Los sutras de Buda nada tienen que ver con máximas de oro, filosóficas o populares, son preceptos atemporales emanados de la auto reflexión evidente de su Ser interno resultado del despertar de la conciencia, a 2 500 años de distancia se sigue hablando de ellos.
Las enseñanzas budistas no pretenden cambiar los desafíos de la vida, sino que cambiemos la manera como nos enfrentamos a ellos.
El maestro Buda nos enseñó que todo cambia, que nada permanece inmutable, resistirnos al cambio causa dolor, vivir con desapego a lo que cambia nos permite vivir en paz cuando aceptamos esta realidad. Toda forma de apego es un tipo de deseo, sacrificando todo deseo acabamos con el dolor. Aprendemos a vivir conscientemente en el presente.
El camino para lograrlo es siguiendo el óctuple sendero del Buda; que enseña a vivir con sabiduría, conducta ética, observación y desapego de la mente, todo esto es posible de lograr con el conocimiento y práctica de la muerte del yo.
Imagen: El Buda. Pintura de Lupita Ortiz.