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Ens Dei

El Libro de los Muertos

“… karma es aquella ley invisible y desconocida que ajusta sabia, inteligente y equitativamente, cada efecto a su causa haciendo remontar ésta hasta su productor” – Helena Petrovna Blavatski

A diferencia de lo que muchos piensan, karma no significa “castigo”. Karma es una ley universal que designa y asigna consecuencias en base a los efectos que vienen a causa de acciones.  Por consiguiente, el karma puede considerarse como “bueno” cuando nos llega como una recompensa, o “malo” cuando trae amargura y dolor… y “bueno” y “malo” son términos relativos.

Son muchos los que sufren lo indecible al tratar de modelar con su intelecto un concepto que explique cómo es que Dios, siendo “amor”, permita que exista sufrimiento y dolor.  Después de todo, el concepto general de aquello que se conoce como Dios es que “es bueno”,  “es fiel”,  es un “Dios de Amor”, y que “nada malo puede venir de Dios”, pensar lo contrario a tales consideraciones implicaría que seríamos malas personas… y es lógico que evitemos pensar así, pues bien, se nos ha dicho que las personas malas “van a ir al infierno a ser consumidos por el fuego para siempre”.  De más está decir que nadie quiere ser considerado como una “mala persona” y mucho menos “ir al infierno”.

En realidad todos estos conceptos son  medias verdades y resultan de la ignorancia,  del desconocimiento de los misterios Crísticos y de la falta de la experiencia misma de la Divinidad.

ENS DEI literalmente traducido significa la ENTIDAD DE DIOS y podríamos visualizar su entidad como la de una bella flor que esparce un aroma delicioso que se compenetra en todo  lo que encuentra; donde todo lo que existe a su derredor la reconoce por la intensidad de su belleza y porque viven la experiencia misma de su presencia en cada respiro.

Dios no es un anciano de barbas largas sentado en un trono allá en el cielo, en algún lugar más allá de las nubes, al que hay que servir para evitar que desde allá nos tire con rayos y truenos.  Dios es una unidad múltiple perfecta que en sí mismo es la Inteligencia, la Sabiduría, la Misericordia y la Justicia.  Dios es la Gran Mente que todo lo contiene.   Él está en todo y todo está en  Él, y nada podría estar fuera de  Él – pues sería entonces tan grande o más grande que  Él y tal cosa sería simplemente imposible.

ENS DEI es la suprema Misericordia y la suprema Justicia de Dios y esta manifestación es la Ley de Acción y Consecuencia que existe en todos los niveles de la creación; desde las Jerarquías más superiores (que para ellos se llama KATANCIA o karma superior) hasta nosotros y los habitantes de los mundos inferiores (que conocemos  como el Karma).

Para nosotros nuestro karma comenzó con la consecuencia de la salida del paraíso después del disfrute del fruto prohibido y tal consecuencia fue la muerte (“muerte” significando “pérdida de los sentidos” superiores).  Desde entonces, nuestra búsqueda por satisfacer el deseo, lo que ha hecho es complicar más y más nuestra existencia, al punto en que hoy deambulamos por las calles dormidos, sin ni tan siquiera recordar dónde hemos dejado los lentes o las llaves del automóvil, y mucho menos recordamos con certeza los eventos que transcurren durante el día.

Debemos comprender que el karma es la medicina que se nos da con el propósito de darle un shock a nuestra consciencia, de tal forma que la reflexión invite a evitar que se repitan los mismos errores; pero tales consecuencias solamente se aplicarán en el momento en que las causas y las condiciones sean adecuadas para su manifestación.  Eso quiere decir que el efecto del karma puede ser mediato, inmediato, o en la vida presente o en las vidas siguientes y no es tal cosa como “eterno” o “para siempre”, pues la Gran Ley no se queda con nada de nadie y espera que paguemos exactamente lo que debemos y ni un céntimo más,  ni menos.

En su forma más simple, el karma inmediato es fácil de comprender: nos sacrificamos por los demás y experimentamos una satisfacción y una alegría interior, o tocamos una hornilla caliente y de inmediato nos damos cuenta que eso no es lo que queremos hacer.

Sin embargo el karma no siempre es fácil de comprender y los dioses del karma, bajo la dirección de El Gran Anubis, (el juez supremo a cargo de esta Ley) se encarga, junto con sus 42 Jueces, de ejecutar la ley de acuerdo siempre a la voluntad del Padre.  Estos seres divinos operan desde la sexta dimensión de la Naturaleza, específicamente desde el Mundo Causal, siguiendo procesos que para nosotros resultan muy complejos, pues se encuentran más allá de la mente y de los sentimientos.  Sus efectos se materializan muchas veces en condiciones o enfermedades que nos son muy difíciles de entender.

Por ejemplo:

Cuando vemos aquellos que sufren de artritis, con sus manos deformes y dolientes, en realidad pagan el karma de haber usado sus manos en vidas anteriores para golpear y maltratar a otros.

Cuando vemos aquellos con condiciones o enfermedades del tracto respiratorio, vemos los que pagan karma por su ateísmo en vidas anteriores: en aquel entonces rechazaron la fuente de la vida misma y hoy el aliento de vida les carece y sufren lo indecible cuando no lo tienen disponible.

Cuando vemos aquellos con condiciones que los hacen horribles y deformes, vemos los que pagan karma por su crueldad en vidas anteriores: antes abusaban de los demás y hoy su aspecto es tal que otros los rechazan,  y dependen de la misericordia y el servicio de aquellos que pueden ver más allá de su deformidad.

Cuando vemos aquellos que sufren de cáncer,  vemos los que fueron fornicarios y abusaron de su fuerza creadora en vidas anteriores: antes derrochaban sus aguas de la vida y hoy como consecuencia se encuentran débiles y las células en su cuerpo carecen de la habilidad de responder al proceso de reproducción normal.

Por último, cuando vemos hoy aquellos que sufren de epilepsia, descubrimos a los que en vidas anteriores prestaron sus cuerpos y su mente para ser Médiums a entidades desencarnadas: en vidas pasadas desarrollaron asociaciones neurales en su cerebro para facilitar “la entrada” de desencarnados a su cuerpo,  y hoy las asociaciones de neuronas resultan “incorrectas” causando fallos que llamamos “epilepsia” y que no les permiten repetir tales hazañas.

La Gran Ley nos da a cada cual lo que se  merece y no se queda con nada de nadie.  Debemos aprender a no rebelarnos contra el karma que recibimos, sino a aceptarlo como la consecuencia de nuestras propias acciones y en vez de tronar y relampaguear o de victimizarnos por el sufrimiento que nos llega por nuestro karma, pagaremos mejor y más rápido sirviendo y sacrificándonos por los demás.  Y esto en realidad es simple: si antes abusábamos de otros y hoy nos sacrificamos por el que es abusado, o si antes pasábamos hambre y hoy damos de comer al necesitado, o si ayudamos a poner un techo sobre quien lo necesita; y si hacemos estas cosas y compartimos esta enseñanza para que otras almas reciban la esencia de la Gran Luz, evidentemente nuestro karma se pagará mejor y más rápido, nuestro nivel de Ser y nuestra condición de existencia mejorará.

En las escuelas de instrucción interna al discípulo se le enseñan estas reglas de oro:

“Al León de la Ley se le combate con la balanza”

(Poner  la balanza a nuestro favor,  cargando el platillo con el peso de nuestras buenas acciones).

“Cuando una ley inferior es trascendida por una ley superior, la ley superior lava a la inferior”

(Al pagar el karma queda sin efecto la ley inferior).

Esto significa que por medio de estas dos reglas de oro podemos matar karma y triunfar en la vida.

Enviado por el Instructor Ricardo Santana Laracuente. Phoenix, Arizona

Imagen: Papiro de Hunefer (1275 a. C.). 

Nadie se escapa de la Justicia, ya que en el fondo de nuestra Conciencia, existe el KAOM, el Policía del Karma, que toma forma cada vez que registra una acción positiva o negativa. Samael Aun Weor – Tarot y Cábala

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