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Egipto Elemental

Egipto Elemental

En las tierras sagradas del antiguo Egipto se conoció la hierática sabiduría que contiene los misterios de la naturaleza y del hombre mismo. Durante siglos, grandes iniciados egipcios desarrollaron en su interior facultades extraordinarias con la ayuda de las fuerzas inteligentes de los elementos naturales y a través de supremos sacrificios relacionados con el autoconocimiento.

Los egipcios fueron conscientes de la estrecha relación existente entre la vida humana y la vida de la naturaleza. A través de su legado nos entregaron no solamente el conocimiento de las leyes cósmicas que nos rigen, sino también la forma de acceder a ellas. Sin embargo la sabiduría está oculta a los ojos profanos, pues solamente quienes vencen sus propias pasiones, celos, egoísmos, envidias, etc., pueden desentrañar los misterios esculpidos en piedra.

Extraordinarios monumentos tales como la esfinge egipcia son testigos de una ciencia oculta denominada totemismo. La sabiduría gnóstica nos refiere la trascendencia del tótem, mucho más allá de la vana idolatría, el tótem es una viva representación de las leyes que rigen la evolución de todas las especies.

La sabiduría egipcia enseña que los reinos de la naturaleza son niveles de la ley evolutiva, donde el reino mineral es el inferior y cada átomo de este reino es la parte o cuerpo físico de un ánima o inteligencia elemental.

Cuando esta inteligencia ha adquirido la sabiduría perteneciente a los minerales, entonces tomará un cuerpo más evolucionado del reino vegetal, convirtiéndose así en el ánima de una planta. En este reino vegetal, dicha ánima se manifestará a través de diversos vegetales hasta adquirir la sabiduría de este reino para entonces ingresar al reino animal. Los elementales o ánimas prosiguen evolucionando hasta que más tarde están listos para ingresar al anhelado reino humano como almas o esencias más evolucionadas.

Las ánimas de los diferentes reinos son los llamados elementales por Paracelso, quien sabía manipularlos para sus curaciones. Estas inteligencias poseen múltiples poderes sobre la naturaleza; algunos elementales vegetales pueden producir tempestades y terremotos; otros tienen la capacidad de sanar a los enfermos a distancia. Los grandes magos han conocido la magia elemental mineral, vegetal y animal y con sus elementales han realizado prodigios y maravillas.

Magia viene de “mag” que significa acción. La magia consiste en la acción consciente sobre los elementales de la naturaleza para realizar portentos y acciones extraordinarias. La ignorancia hace suponer que el hombre por temor creó a los dioses de la tierra, el aire, el agua y el fuego, pero los totemistas trabajan en forma práctica con estas fuerzas inteligentes para el beneficio de la humanidad.

En la esfinge se aprecian los cuatro elementos de la naturaleza, la tierra simbolizada por las ancas de toro, el agua por la cabeza humana, el aire por las alas de águila y el fuego por las garras de león. Los egipcios concibieron a la naturaleza y al hombre como una integridad, la diversidad integrada en la unidad.

Después del proceso evolutivo de las ánimas hasta el reino humano, prosigue el proceso involutivo en el cual, si el ser humano obra negativamente dando rienda suelta a todas las pasiones y deseos, entonces involuciona hasta convertirse en animal nuevamente, entonces puede reencarnarse en animal. Los seres muy perversos pueden reencarnar en animales feroces y según el totemismo, también hay almas purísimas de santos que se reencarnan en una especie animal para ayudarla y elevarla a un nivel superior de conciencia.

Así, los principios del totemismo son muy exactos. En las tribus que practican el totemismo, por tradición, se reverencia a determinado elemental ya sea animal o vegetal. Este elemental es venerado y respetado porque ha prestado servicios a la comunidad. Se cuida mucho a la criatura física que sirve de vehículo al elemental. En las diversas religiones hallamos vestigios del totemismo, como el culto a la vaca en India; el toro sagrado de los egipcios; el camello para los árabes; la llama de los incas; el culto al perro y al colibrí en la cultura mexicana y el cordero, el pez y la paloma del cristianismo.

Entre los mismos elementales hay grados de sabiduría, poder y perfección, por eso los más elevados son verdaderos ángeles, quienes poseen mayores facultades sobre la naturaleza. 

“El misterio de la Esfinge es el hombre. El animal con cabeza humana es el hombre”. Cuando el ser humano aprende a dominarse a sí mismo (vence sus pasiones y domina sus pensamientos y emociones), va desarrollando la facultad de utilizar conscientemente las fuerzas de la naturaleza a través de sus elementales. Los elementales vegetales y minerales son muy poderosos, se reproducen como los dioses y viven en el Edem (cuarta dimensión).

Mientras no se resuelva el problema de la Esfinge podemos caer en el abismo de perdición. Es urgente suplicarle a su Dios interno que repita dentro de nuestra conciencia interior el milagro que realizó Jesús cuando expulsó a los mercaderes del templo con el látigo terrible de la Voluntad. Sólo el Bienamado puede expulsar a esos yo intrusos del templo de nuestra Conciencia. Esos mercaderes del templo sabotean la Gran Obra. Son esos malvados los que apagan las candelas del templo.

“La civilización egipcia data de un periodo neptuniano-amentino antiquísimo”. “Los elementales descienden de los mundos de la luz hasta el reino mineral y ascienden desde el reino mineral hasta los mundos de la luz”.

Todos los seres humanos fuimos elementales y la esfinge, además de representar estas leyes de evolución e involución, también es la imagen de la misma Diosa Madre del Mundo, la Madre Naturaleza, a quien debe recurrirse siempre que se anhele trabajar con los elementales, pues ella es quien rige todas sus manifestaciones, es la suprema maestra de toda la magia elemental.

Enviado por: Susana M. Rodríguez Licea. Calmécac, San Luis Potosí, S.L.P.

Foto enviada por Rubén Santamaría

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