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EgiptoLey del Péndulo

La humanidad vive, ciertamente, entre el batallar de las antítesis, entre la lucha cruenta de los opuestos. A veces nos encontramos muy alegres, contentos, y otras veces nos hallamos deprimidos. Tenemos épocas de progreso, de bienestar –unos más que otros, de acuerdo con la Ley del Karma-, y también tenemos épocas críticas en lo económico. A veces estamos optimistas con relación a la vida y a veces nos sentimos pesimistas. Siempre se ha visto que a toda época de alegría, de contentamiento, le sigue una temporada depresiva, dolorosa. Nadie puede ignorar que siempre estamos sometidos a muchas alternativas en el terreno práctico de la vida. Por lo común, a las épocas que nosotros denominamos “felices” le siguen épocas angustiosas. Esa es, pues, la Ley del Péndulo gobernando nuestras vidas.

La gente toda, en sus relaciones o inter-relaciones, vive completamente esclavizada por la Ley del Péndulo; tan pronto suben con la alegría desbordante, cantando victoria, como de inmediato se van al otro lado, deprimidos, pesimistas, angustiados, desesperados.

La vida parece complicarse toda, de acuerdo con la Ley del Péndulo. Las altas y bajas de la moneda, las subidas y bajadas de los precios y de las finanzas en general, las épocas de maravillosa armonía entre los familiares y los tiempos de conflictos y problemas, se suceden inevitablemente de acuerdo con la Ley del Péndulo. No cabe duda que la Ley del Péndulo es mecanicista en un ciento por ciento. Esa Ley la tenemos en nuestra mente, en nuestro corazón y en los centros motor-instintivo-sexual, es decir, en los tres cerebros de nuestra máquina orgánica.

¿De qué manera se expresa la Ley del Péndulo en los tres cerebros? En la mente o cerebro intelectual está perfectamente definida con el “sí” y el “no”, con el “yo quiero” y el “yo no quiero”, con el “sí me parece” y el “no me parece”, con el “yo creo” y el “yo no creo”, esto es, con el batallar de las antítesis, con las opiniones contrapuestas”, etc. En el corazón o centro emocional con las emociones antitéticas, con los estados de angustia y de felicidad, de optimismo y depresión, de dolor y de placer, y así sucesivamente.

En el cerebro motor con los hábitos, con los movimientos mecanicistas, con las costumbres. Cuando por ejemplo fruncimos el ceño, cuando estamos adustos porque nos sentimos deprimidos o llenos de ira, o cuando saltamos o brincamos porque estamos llenos de alegría, o cuando tiemblan nuestras pantorrillas ante un peligro inminente, he allí la tesis y la antítesis, he allí la Ley del Péndulo gobernando nuestro centro del movimiento.

Conclusión, somos esclavos de una mecánica: si alguien nos da unas palmaditas en el hombro, sonreímos tranquilos; si alguien nos dice unas palabras de lisonja, de alabanza, felices nos sentimos, pero si alguien nos hiere con una palabra agresiva nos llenamos de odio, de rabia, de rencor, nos sentimos terriblemente ofendidos.

Total, somos unas maquinitas sometidas a la Ley del Péndulo, cada cual puede hacer con nosotros lo que le venga en gana, nuestra psiquis está sometida a lo que los demás quieran. ¿Dónde está entonces nuestra individualidad? No la poseemos porque no somos dueños de nosotros mismos. Cuando uno se hace dueño de sus propios procesos psicológicos, entonces sí puede decir que realmente posee una individualidad. Para trascender la Ley mecánica del Péndulo existen métodos o sistemas gnósticos absolutamente prácticos, y estudiaremos uno de ellos.

LA REFLEXIÓN Y LA COMPRENSIÓN

Aprendiendo a ser reflexivos y comprensivos, mirando la vida tal como ella es y no como suponemos que es, podemos al menos manejar la Ley del Péndulo. Comúnmente sucede que sólo queremos aceptar uno de los extremos del Péndulo, el que a nuestro juicio consideramos como “bueno” o “agradable” pero –queramos o no- la vida tiene dos caras.

Una superficie cualquiera nos está indicando la existencia de una cara opuesta, el anverso de una medalla nos sugiere el reverso de la misma. Todo, pues, tiene dos caras; las tinieblas, por ejemplo, son lo opuesto de la luz. En los mundos internos puede evidenciarse que al lado de un Templo de Luz existe siempre un Templo tenebroso.

Pero, ¿por qué cometemos nosotros el error de alegrarnos ante algo positivo y de protestar contra algo negativo, cuando en realidad son dos caras de lo mismo? El error más grave que nosotros podemos cometer es, precisamente, no saber mirar las dos caras de cualquier cosa, de cualquier persona, de cualquier circunstancia, etc.

La comprensión permite no caer en el absurdo, en el desaliento, en la enemistad; nos permite saber –con absoluta certeza- que todos estamos sometidos a la Ley del Péndulo. Cuando persistimos en la tendencia a mirar nada más que una cara de la vida, no hay paz en nuestras existencias, nuestras relaciones son pésimas y conflictivas, somos víctimas de las circunstancias y de la maldad del prójimo. Si nosotros aprendiéramos a ver las dos caras de todo, la vida sería diferente. La falta de comprensión da origen a los exclusivismos, a la lucha de clases, a los conflictos entre el Capital y el Trabajo, entre el espiritualismo y el materialismo, y así sucesivamente.

“En un extremo del Péndulo está la alegría, en el otro el dolor; todas nuestras emociones, pensamientos, anhelos, deseos, oscilan de acuerdo con la Ley del Péndulo. Esperanza y desesperación, pesimismo y optimismo, triunfo y fracaso, ganancia y pérdida, corresponden –ciertamente- a los dos extremos del movimiento pendular”. (Samael Aun Weor, “La Gran Rebelión”)

Franklin Ugas (+)

 

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