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Ley de los Accidentes

Divinidad

Desde que nacemos, los seres humanos estamos expuestos a la ley de los accidentes. Existen en el mundo tres tipos de actos:

1. Los nacidos del destino.

2. Los nacidos de la voluntad conciente.

3. Los relacionados con la ley de los accidentes.

El primer tipo de actos se deben a la mecanicidad en que se vive, a las leyes del karma, retorno y recurrencia, pues es lo que ya está escrito. El segundo tipo de actos son propiciados por los seres de conciencia despierta o cuerpo de la voluntad conciente, quienes determinan sus propias circunstancias. Y el tercer tipo de actos es debido a la ley de los accidentes.

El ser humano, con apenas un tres por ciento de conciencia, es víctima de las circunstancias, como cuando llueve y debe cubrirse, o como cuando el viento le mueve la solapa del traje. No tiene la capacidad de “hacer”, todo le sucede.

Cuando le va mal culpa al destino de su desgracia, sin embargo, no todo se debe al destino o a las leyes de retorno y recurrencia, también existe en la naturaleza la ley de los accidentes, a la cual estamos sometidos por la inconciencia. Prácticamente, el cincuenta por ciento de las amarguras del mundo son el resultado de accidentes. Es absurdo culpar de todo al karma, la falta de caridad ha ocasionado, por ejemplo, miseria, crimen, robos. Cuando algún fanático ve sufrir a alguien exclama: “Karma”, “Es la ley del destino o un divino castigo”… y lleno de crueldad lo abandona a su suerte.

Dios no ha creado la miseria y el dolor, estos han sido inventos humanos. Por ello quienes se sacrifican y dan la vida por los demás, se oponen a este orden de los accidentes, desarrollan su embrión de alma y se encaminan a la Real existencia.

Es interesante saber que los tatwas influyen los accidentes, especialmente el tatwa Vayú, del aire y el de tejas o fuego. La ley de los accidentes en la tierra, ha llegado a afectar incluso a naves cósmicas, desafortunadamente varias han explotado o chocado violentamente en el aire, Estados Unidos de América tiene en su poder restos de algunas de esas naves.

Diariamente aparecen en los periódicos casos muy lamentables de personas que pierden la vida o son afectadas por un accidente de tránsito, y aunque no se niega la ley de causa y efecto, un 99% son fiel producto de la imprudencia. Es absurdo afirmar con tono profético que todos los accidentes de tránsito figuren en el horóscopo y que el destino es su causa secreta.

Según las estadísticas, la cantidad anual de muertos por accidentes de tránsito equivalen a todos los decesos durante la segunda guerra mundial. Y aun así, los reglamentos continúan igual, no se modifican. Parece ser algo normal o natural, pero solo refleja el estado indolente, cruel y con la conciencia dormida del ser humano.

Ciertamente el estado inconsciente permite esta barbarie, las personas caminan por las calles absortas en sus pensamientos y los conductores sueñan profundamente, pero no debe ser excusa para continuar así. Es momento de que surja en nosotros en forma espontánea la llamarada de compasión.

El V. M. Samael Aun Weor sugiere reformar técnicamente los sistemas de tránsito, evitar que los borrachos y menores de edad manejen carros castigando severamente estos casos de irresponsabilidad moral. Y que todo vehículo, ya sea este terrestre, aéreo, o acuático, debiera llevar fuerza centrífuga en acción, para arrojar fuera de su campo de acción a toda persona, o máquina, o cosa, que amenacen un choque inevitable.

Es imposible predecir el futuro de una máquina loca sometida a la ley de los accidentes y por ello consideramos que el seguro social es indispensable.

El ser humano es un ser demasiado débil aun cuando se crea a sí mismo muy fuerte y como quiera que es una víctima de fuerzas que no conoce, conviene que tenga el seguro de vida. Todo mundo está sometido a la enfermedad y a la muerte.

Necesitamos disolver el yo, el mi mismo para llegar a Ser. Sólo el Ser no es víctima de las circunstancias. Solo el Ser puede hacer. Sólo el Ser ha pasado más allá de la ley de los accidentes.

“El Misterio Total del Nombre de todos Aquellos que están en el Destino, resplandece en la Vestidura del Espíritu Santo. No todos los seres están en la Ley del Destino. Millones de criaturas se encuentran atrapadas en la Ley de Accidentes”. (Pistis Sophía)

Enviado por: Susana Margarita Rodríguez Licea. Calmecac.

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