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Las Tres Gracias

Instructor: José Isabel Mauricio Vargas

Las Tres GraciasInstituto Cultural Quetzalcoatl de Rincón de Romos, Ags. México

Las antiguas culturas que florecieron esplendorosamente en la meseta central del Asia, en la India, Persia, Caldea, Egipto, Grecia, Roma, Mesoamérica, etc., etc., y que fueron fuente de inspiración para los escultores, pintores, y compositores renacentistas; como un legado para las nuevas generaciones, y como quiera que en ellos se expresara el Ser maravillosamente y sin barreras, ya que se conservaron en la resplandeciente Edad de Oro, es decir, no se degeneraron como nosotros, nos dejaron en sus manuscritos, esculturas, pinturas, y demás expresiones del arte, la Didáctica concreta para transformarnos radicalmente.

Didáctica que también encontramos en el arte regio de la Naturaleza.

El simple surgimiento del Sol en el oriente ¿qué nos dice eso?... Que algo debe nacer en nosotros, nos indica que algo debe nacer dentro de nosotros, su desplazamiento hasta colocarse en el Cenit nos sugiere que algo debe resplandecer en nosotros.

Si uno lo ve, por ejemplo, hundirse allá en el ocaso, ocultándose en el poniente ¿qué nos está indicando?, sencillamente, que algo debe morir en nosotros.

Cuando vencemos las tentaciones, él brilla en toda su plenitud en el horizonte.

El Conocimiento, la Gnosis, la Sabiduría, siempre ha estado entre nosotros, y la descubre en su entorno, todo aquel que tiene inquietud de dar respuesta a las grandes interrogantes que la vida le plantea.

La descubre todo aquel que se pregunta así mismo, que nos quieren decir los antiguos persas, griegos, romanos, indos, chinos, japoneses, etc., en sus enigmáticos mitos sobre el Amor, sobre la generación de Dioses y Diosas, el origen del Universo, el conocimiento interno de nosotros mismos y la didáctica para transformarnos, etc., etc.…

Gente que quiere cambiar, y con ese tipo de inquietudes, descubre que es necesario convertirnos verdaderamente en investigadores competentes del Esoterismo y del Ocultismo Puro.

Esto es lo que todos debemos anhelar si queremos salir de la ignorancia e incursionar en el desarrollo de las virtudes.

Nadie en verdad puede convertirse en un investigador competente de los grandes misterios que por siempre han inquietado a la humanidad, en tanto no haya disuelto el Yo psicológico y todos los elementos subjetivos que condicionan las percepciones...

Quien no se considera un vaso lleno, porque en lo lleno ya nada puede entrar, se abre a lo nuevo y ve las grandes manifestaciones del arte, como una oportunidad maravillosa de hacer descubrimientos trascendentales.

Antiguamente, antes que los poetas con Hesíodo y Homero rebajaran el significado de la palabra Mito, como sinónimo de fábula, narración mentirosa o invención poética; Mito significaba estrictamente Fábula, la cual en su forma ancestral, apunta a demostrar una verdad moral, una advertencia o consejo, y la palabra Mitología significaba, Historia fabulosa de los Dioses, Semidioses, y Héroes de la antigüedad.

Las Tres Gracias, grupo de tres hermosas mujeres que aparecen danzando deliciosamente el la pintura del siglo XIV, titulada “La Primavera” y realizada por el Pintor italiano, Sandro Botticelli, son tres mensajeras o emanaciones de Venus, Diosa romana del Amor y encarnación de un cúmulo de virtudes.

Recordemos que las distintas divinidades griegas y romanas recurren a los cambios físicos para conseguir distintos fines.

He aquí el misterio de la “Triple Diosa” que se repite en muchas tradiciones mitológicas diferentes.

En la Mitología Griega, las Cárites o Gracias (en griego Χάριτες, en latín Gratiae) eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad.

Las Cárites solían ser consideradas hijas de Zeus y la oceánide o ninfa del Océano, Eurínome, aunque también se decía que eran hijas de Dioniso, Dios Griego del Vino y Afrodita, o de Helios, personificación griega del Sol, y la náyade o ninfa de agua dulce, Egle. Homero escribió que formaban parte del séquito de Afrodita.

Las Tres Gracias representan de izquierda a derecha de la pintura, la Voluptas, la Castitas y la Pulchritudo.

La Voluntad (atrevimiento para eliminar nuestros errores internos) y la Castidad (sabio uso de nuestras energías creadoras), son dos elementos principales para eliminar nuestros yoes.

A través de la cristalización de esos dos elementos en nosotros mismos, conseguimos el desarrollo de las virtudes, es decir, la pulcritud interior.

El río Cefiso cerca de Delfos, (alegoría, del trabajo con nuestras aguas internas), estaba consagrado a ellas, y tenían en Grecia sus propias festividades, conocidas como las Caritesias o Carisias.

Las Tres Gracias están asociadas con el Inframundo (alegoría de nuestros mundos internos y de los Mundos Infiernos o Círculos Dantescos) y con los Misterios Eleusinos, (Verdaderas Escuelas de Regeneración, donde se realizaban los Ritos de Iniciación).

De modo que como iniciadoras, tenían como triple Misión Divina la siguiente:

(1) Como las Moiras, o Parcas romanas, Guiar a los aspirantes a la transformación, en el trabajo del auto conocimiento de sí mismos, orientarlos en el trabajo de eliminación o muerte de errores y enseñarlos a buscar la inspiración, la belleza y la armonía en todo lo que hagan.

(2) Como las Hespérides, enseñarles y someterlos como la Eva Hebraica, a terribles pruebas en los, Misterios de la Castidad, alegorizados por Cupido, Dios romano del Amor y guiarlos en el sabio uso de sus energías internas o misterios sexuales, alegorizadas por Mercurio, el mensajero romano de los Dioses.

(3) Como Las Cárites, durante el trabajo sobre sí mismos, someterlos a duras pruebas para ver si poseen la Voluntad necesaria para transformarse y desarrollar virtudes, alegorizadas por las flores del vestido de Flora, Diosa romana de la Virtud, de los bosques, las flores y la primavera.

En la pintura de Botticelli, la ninfa griega, Cloris, por acción del soplo de Céfiro, Dios griego del Viento, se transforma en Flora, símbolo de las Virtudes. Esta es una clara alusión a la metamorfosis que se debe producir en el ser humano.

Las Gracias, una de las tríadas griegas, están relacionadas con otras hijas de Zeus, las nueve Musas (deidades de las artes, las ciencias y de la inspiración) y con las tres Estaciones (u Horas, Horae), diosas del orden de la naturaleza y de las cuatro estaciones del año.

Al parecer, y al igual que las musas, las Gracias otorgaban a artistas y poetas la habilidad para crear bellas obras de arte.

Las Tres Gracias como desdoblamiento de Venus, ejercen sobre nosotros una dualidad maravillosa, ya que en nuestro Trabajo Interior, por un lado nos auxilian y por el otro nos someten a las tentaciones: Ellas nos abren la puerta de la tentación para entrenarnos, para educamos, solo así nos brotarán las virtudes del alma.

Áglae, la más joven y bella, la resplandeciente, inteligente, creativa, intuitiva y elocuente, para probar si somos castos, a través de mujeres bellísimas, nos somete en los sueños y en el estado de vigilia a las tentaciones de la carne, como son el adulterio, la fornicación, la lascivia, morbosidad, y todo tipo de pasiones y relaciones ilícitas, etc., etc.

Eufrosine, la intermedia, la interesante, la alegre, la jubilosa, la placentera, nos inspecciona en el plano mental y nos promete placeres de toda clase, nos insita al libertinaje, a los vicios, a la maledicencia, al chisme, a la calumnia, a la pereza, a los celos, a la gula, a la vanidad, etc., etc.

Talía, (la mayor) la festiva, la abundante, la que lleva corona de flores, nos tantea en el plano material, ofreciéndonos, dinero, coronas, tronos, poder, alabanzas, orgías, bacanales, borracheras, abundancia, etc., etc.

Capítulo X. El Yo Psicológico y Capítulo XI. Las Tinieblas (La Gran rebelión.)

De esta manera amigos, las Tres Gracias, en sus distintos desdoblamientos, nos muestran la necesidad de hacernos conscientes de que tenemos elementos indeseables en nuestro interior que constituyen el error dentro de nosotros y esto sólo podemos descubrirlo mediante la auto observación.

Esta cuestión del mí mismo, lo que uno es, eso que piensa, siente y actúa, es algo que debemos auto-explorar para conocer profundamente.

Existen por doquiera muy lindas teorías que atraen y fascinan; pero de nada serviría todo eso si no nos conociésemos a sí mismos.

Es fascinante estudiar astronomía o distraerse un poco leyendo obras serias, sin embargo, resulta irónico convertirse en un erudito y no saber nada sobre sí mismos, sobre el yo soy, sobre la humana personalidad que poseemos.

Cada cual es muy libre de pensar lo que quiera y la razón subjetiva del animal intelectual equivocadamente llamado hombre da para todo, lo mismo puede hacer de una pulga un caballo que de un caballo una pulga; son muchos los intelectuales que viven jugando con el racionalismo ¿Y después de todo qué amigos?

Ser erudito no significa ser sabio. Los ignorantes ilustrados abundan como la mala hierba y no solamente no saben sino además ni siquiera saben que no saben.

Entiéndase por ignorantes ilustrados los sabihondos que creen que saben y ni siquiera se conocen a sí mismos.

Necesitamos conocernos a sí mismos por vía directa sin el proceso deprimente de la opción.

En modo alguno sería esto posible sino nos auto-observáramos en acción de instante en instante, de momento en momento.

No se trata de vernos a través de alguna teoría o de una simple especulación intelectiva.

Vernos directamente tal cual somos es lo interesante; sólo así podremos llegar al conocimiento verdadero de sí mismos.

Por ejemplo, finos amigos, ¿estaremos seguros de conocer nuestra verdadera naturaleza interna?...

¿Qué tanto de esa naturaleza interna de cada uno de nosotros es positiva y que tanto de esa naturaleza es negativa?

¿En que medida nuestra naturaleza interna negativa está, contaminando el medio ambiente?...

¿En que medida nuestra naturaleza interna negativa nos está afectando a nosotros mismos, a nuestra familia y a la sociedad entera?...

¡Nos quejamos de que no hay agua!... ¿Qué tanto somos nosotros culpables de que no haya agua?...

¡Nos quejamos de que no hay seguridad!... ¿Qué tanto somos nosotros culpables de que no haya seguridad?...

¡Nos quejamos de las inundaciones!... ¿Qué tanto somos nosotros culpables de que haya inundaciones?...

¿Acaso siempre ponemos la basura en su lugar?...

¡Nos quejamos de la juventud desenfrenada!...

¿Qué tanto somos nosotros culpables de esa situación?... ¿Acaso nos reproducimos responsablemente y asumimos la educación de nuestros hijos?...

¡Nos quejamos del mal gobierno!... ¿Acaso nosotros sabemos gobernarnos así mismos?...

Aunque parezca increíble amigos, nosotros estamos equivocados con respecto a sí mismos.

Muchas cosas que creemos no tener tenemos y muchas que creemos tener no tenemos.

Nos hemos formado falsos conceptos sobre si mismos y debemos hacer un inventario para saber qué nos sobra y qué nos falta.

Suponemos que tenemos tales o cuales cualidades que en realidad no tenemos y muchas virtudes que poseemos ciertamente las ignoramos.

Somos gente dormida, inconsciente y eso es lo grave.

Desafortunadamente pensamos de sí mismos lo mejor y ni siquiera sospechamos que estamos dormidos.

Las sagradas escrituras insisten en la necesidad de despertar, mas no explican el sistema para lograr ese despertar.

Lo peor del caso es que somos muchos los que hemos leído las sagradas escrituras y ni siquiera entendemos que estamos dormidos.

Todo el mundo creemos que nos conocemos a sí mismos y ni remotamente sospechamos que exista la doctrina de los muchos.

Realmente el yo psicológico de cada cual es múltiple, deviene siempre como muchos.

Con esto queremos decir que tenemos muchos yoes y no uno solo como suponen siempre los ignorantes ilustrados.

Negar la doctrina de los muchos es hacerse tonto a sí mismo, pues de hecho sería el colmo de los colmos ignorar las contradicciones íntimas que cada uno de nosotros posee.

Voy a leer un periódico, dice el yo del intelecto; al diablo con tal lectura, exclama el yo del movimiento; prefiero ir a dar un paseo en bicicleta, qué paseo ni qué pan caliente, grita un tercero en discordia; prefiero comer, tengo hambre.

Si nos pudiésemos ver en un espejo de cuerpo entero, tal cual somos, descubriríamos por sí mismos en forma directa la doctrina de los muchos.

La humana personalidad es tan solo una marioneta controlada por hilos invisibles.

El yo que hoy jura amor eterno por la Gnosis, al Conocimiento, a la Sabiduría, es más tarde desplazado por otro yo que nada tiene que ver con el juramento; entonces el sujeto se retira.

El yo que hoy jura amor eterno a una mujer es más tarde desplazado por otro que nada tiene que ver con ese juramento, entonces el sujeto se enamora de otra y el castillo de naipes se va al suelo.

Notoriamente cada uno de esos yoes pone en nuestra mente lo que debemos pensar, en nuestra boca lo que debemos decir, en el corazón lo que debemos sentir, etc.

El animal intelectual equivocadamente llamado hombre somos como una casa llena de mucha gente.

No existe orden ni concordancia alguna entre los múltiples yoes, todos ellos riñen entre si y se disputan la supremacía.

Cuando alguno de ellos consigue el control de los centros capitales de la máquina orgánica, cuando alguno de ellos consigue controlarnos, se siente el único, el amo, pero al fin es derrocado por otro, y ese otro, es el que manda mientras no sea desbancado también.

Considerando las cosas desde este punto de vista, llegamos a la conclusión lógica de que los mamíferos intelectuales no tenemos verdadero sentido de responsabilidad moral.

Incuestionablemente lo que la máquina humana diga o haga en un momento dado, depende exclusivamente del tipo de yo que en esos instantes la controle.

Dicen que Jesús de Nazareth sacó del cuerpo de Maria Magdalena siete demonios, siete yoes, viva personificación de los siete pecados capitales.

Obviamente cada uno de estos siete demonios es cabeza de legión, por ende debemos sentar como conclusión que el Cristo íntimo pudo expulsar del cuerpo de la Magdalena millares de yoes.

Reflexionando todas estas cosas podemos deducir claramente que lo único digno que nosotros poseemos en nuestro interior es la ESENCIA, esa chispa divina de la que nos hablan los teosofistas.

Desafortunadamente nuestra Esencia se encuentra prisionera entre todos esos múltiples yoes de la Psicología revolucionaria.

Es lamentable que la esencia se procese siempre en virtud de su propio embotellamiento.

Incuestionablemente la esencia o conciencia que es lo mismo, duerme profundamente.

Las tinieblas son la inconsciencia; la luz es la conciencia; debemos permitir que la luz penetre en nuestras tinieblas; obviamente la luz tiene poder para vencer a las tinieblas.

Solo la luz de la conciencia, dirigida no desde de los ángulos sino en forma plena central sobre nosotros mismos, puede acabar con los contrastes, con las contradicciones psicológicas y establecer en nosotros el verdadero equilibrio interior.

Incuestionablemente luz y conciencia son dos aspectos de lo mismo; donde hay luz hay conciencia.

Si disolvemos todo ese conjunto de yoes que en nuestro interior llevamos, viene el despertar de la conciencia y como secuencia o corolario el equilibrio verdadero de nuestra propia psiquis.

La inconciencia es tinieblas y éstas últimas existen en nuestro interior.

Solo mediante la auto-observación psicológica permitimos que la luz penetre en nuestras propias tinieblas.

Dicen los pasajes bíblicos: “La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz”

Así pues, finos amigos, la conciencia es la luz que el inconsciente no percibe.

Y el inconsciente es esa suma de yoes pendencieros y gritones que todos llevamos dentro, son las tinieblas dentro de nosotros.

De modo que mientras exista en nuestro interior el yo de la lujuria no seremos castos, seremos adúlteros, es decir, promiscuos sexuales.

Mientras exista en nuestro interior el yo de la gula, no seremos moderados.

Mientras exista en nuestro interior el yo de la ira, no tendremos dulzura de carácter.

Mientras exista dentro de nosotros el yo del orgullo, no tendremos humildad.

Mientras exista dentro de nosotros el yo de la codicia, no seremos caritativos, estaremos en el círculo vicioso de la competencia y no sabremos cual es realmente nuestra necesidad y donde comienza la codicia en nosotros.

Mientras exista dentro de nosotros el yo de la pereza, no sentiremos amor por el trabajo, por la actividad, y como conclusión, jamás tendremos la felicidad que anhelamos.

Mientras exista en nuestro interior el yo de la envidia, no sentiremos alegría por el bien ajeno y nos dará coraje porque a otros les va bien y a nosotros no.

En la pintura del siglo XVI, titulada “El Juicio de Paris” del pintor flamenco, Peter Paúl Rubens, se muestra una escena que tuvo su origen en el Olimpo, el hogar griego de los dioses, donde, se decide probar el juicio justo de Paris, pastor y príncipe troyano.

Para hacer la representación se elige a Hera, Atenea, y Afrodita, quienes habrían de disputarse el titulo de ser la más hermosa.

Recordemos que en el antiguo teatro griego se daban mensajes de sabiduría a los espectadores.

Así pues, el litigio, daría posesión a la ganadora, de una manzana de oro que contenía una inscripción que decía: “para la más bella”, manzana que Éride, la Diosa griega de la Discordia, agregándose a la fábula, había arrojado en las bodas de Tetis y Peleo, en represalia por no haber sido invitada a la boda y con la intención de sembrar la discordia entre los invitados.

Zeus, máximo Dios griego, eligió a Paris para que fuese el juez ya que anteriormente había dado muestras de su equidad.

Con Hermes, el mensajero griego de los dioses, de guía, las diosas se le aparecieron al joven príncipe en el Monte Ida mientras este descansaba, / se presentaron y le explicaron de qué se trataba el concurso.

Sin embargo, como ya sabemos, no se trataba de un mero concurso de belleza, pues para probar la virtud, la Fuerza de Voluntad del Juez de la contienda, con respecto a la codicia, y al mismo tiempo representar ellas el YO de la envidia al disputarse el titulo de la más hermosa, cada diosa le ofreció algo distinto a Paris si éste la elegía:

Hera, Reina griega de los dioses, le ofreció la mismísima corona del mundo.

Atenea, Diosa griega de la sabiduría, prometió otorgarle tanta sabiduría como el mismísimo Zeus, y por último Afrodita, Diosa griega del Amor, ofreció entregarle la mujer más hermosa del mundo, a Helena, símbolo de la unión del hombre con su espíritu. (Alma Divina)

Paris, sabiamente, le dio la Manzana de la Discordia a Afrodita y con ello, el titulo de ser la mujer más hermosa entre las tres contendientes.

Recordemos que como representación de Venus entre los griegos, es la que posee un conjunto de virtudes.

Muchas son las gentes que luchan en la vida por ser ricos, y trabajan, y ahorran y se esmeran en todo, pero el resorte secreto de todas sus actividades es la envidia secreta, la que se desconoce, la que no sale a la superficie, la que permanece guardada en el sepulcro del SUBCONSCIENTE.

Es difícil hallar en la vida alguien que no envidie la bonita casa, el flamante automóvil, la Inteligencia del Líder, el hermoso traje, la buena posición, la magnifica fortuna, etc. etc. etc.

Es difícil hallar en la vida una mujer que no envidie la belleza de otra mujer.

Casi siempre los mejores esfuerzos de los seres humanos tienen como resorte secreto, la ENVIDIA.

Necesitamos reducir a cenizas la crueldad monstruosa de estos tiempos: la envidia que desgraciadamente ha venido a convertirse en el resorte secreto de la acción; la codicia insoportable que ha vuelto la vida tan amarga; la asqueante maledicencia; la calumnia que tantas tragedias origina; las borracheras que tantas desgracias produce en los hogares y la sociedad; la inmunda lujuria que nos lleva al adulterio, que desintegra matrimonios y ha llenado de reos las cárceles y de muertos los panteones; el orgullo abominable, etc., etc.

Para desarrollar virtudes, debemos eliminar de nuestro interior toda esa podredumbre que nos corroe asta la médula de los huesos.

Debemos alcanzar la pulcritud interior, representada por Talía.

Para eso necesitamos La Voluntad, personificada por Eufrosine y la Castidad, simbolizada por Áglae, Aglaya o Hágale.

La Didáctica de la Disolución del Yo (Revolución de la Dialéctica)

La mejor didáctica para la disolución del Yo, se encuentra en la vida práctica intensamente vivida.

La convivencia es un espejo maravilloso donde el Yo se puede contemplar de cuerpo entero.

En la relación con nuestros semejantes, los defectos escondidos en el fondo subconsciente, afloran espontáneamente, saltan fuera, porque el subconsciente nos traiciona y si estamos en estado de alerta percepción, entonces, los vemos tal cual son en sí mismos.

La mejor alegría para el gnóstico es celebrar el descubrimiento de alguno de sus defectos.

Defecto descubierto, defecto muerto. Cuando descubrimos algún defecto, debemos verlo en escena como quien está viendo cine, pero sin juzgar ni condenar.

No es suficiente comprender intelectualmente el defecto descubierto, se hace necesario sumergirnos en profunda meditación interior para atrapar al defecto en los otros niveles de la mente.

La mente tiene muchos niveles y profundidades y mientras no hayamos comprendido un defecto en todos los niveles de la mente, nada habremos hecho y éste continuará existiendo como demonio tentador en el fondo de nuestro propio subconsciente.

Cuando un defecto es íntegramente comprendido en todos los niveles de la mente, entonces, éste se desintegra, al desintegrar y reducir a polvareda cósmica el Yo que lo caracteriza.

Así es como vamos muriendo de instante en instante. Así es como vamos estableciendo dentro de nosotros un centro de conciencia permanente, un centro de gravedad permanente.

Dentro de todo ser humano que no se halle en último estado de degeneración, existe el Buddhata, el Principio budhístico interior, el material psíquico o materia prima para fabricar eso que se llama Alma.

El Yo pluralizado gasta torpemente dicho material psíquico en explosiones atómicas absurdas de envidias, codicia, odios, celos, fornicaciones, apegos, vanidades, etc.

Conforme el Yo pluralizado va muriendo de instante en instante, el material psíquico se va acumulando dentro de nosotros mismos, convirtiéndose en un centro permanente de conciencia.

Así es como vamos individualizándonos poco a poco. Eliminando yoes nos individualizamos, es decir, actuamos por nosotros mismos y ya no es el Yo el que decide por nosotros.

El trabajo de disolución del Yo es algo muy serio.

Necesitamos estudiarnos a sí mismos, profundamente, en todos los niveles de la mente. El Yo es un libro de muchos tomos.

Necesitamos estudiar nuestra dialéctica, pensamientos, emociones, acciones, de instante en instante, sin justificar ni condenar.

Necesitamos comprender íntegramente en todas las profundidades de la mente, todos y cada uno de nuestros defectos.

El Yo pluralizado es el subconsciente. Cuando disolvemos el Yo, el subconsciente se convierte en consciente.

Necesitamos convertir el subconsciente en consciente y eso sólo es posible logrando la aniquilación del Yo.

Cuando el consciente pasa a ocupar el puesto del subconsciente, adquirimos eso que se llama conciencia continua.

Quien goza de conciencia continua, vive consciente en todo instante, no sólo en el mundo físico sino también en los mundos superiores.

La humanidad actual somos subconscientes en un noventa y siete por ciento, y por ello, dormimos profundamente, no solamente en el mundo físico, sino también en los mundos suprasensibles (intangibles) durante el sueño del cuerpo físico y después de la muerte.

Necesitamos la muerte del Yo, necesitamos morir de instante en instante, aquí y ahora, no solamente en el mundo físico, sino también en todos los planos de la Mente cósmica.

Debemos ser despiadados para con nosotros mismos y hacerle la disección al Yo con el tremendo bisturí de la autocrítica.

Las Gracias, encarnando a Las Moiras, hijas de la Diosa de la Noche, nos señalan, que lo primero que hay que hacer para Morir, es Disolver el Yo, eso que es un conjunto de Demonios y al cual llaman los egipcios los Demonios Rojos de Seth.

Hay que hacer eso para despertar Conciencia y recibir el conocimiento directo.

Los Demonios Rojos de Seth, son todos los Demonios que tenemos, es Satán, éstos deben ser muertos. El Adepto a la Luz, debe derrotar esos Demonios.

El que elimina sus yoes, despierta la Conciencia.

Quien despierta la Conciencia ya no puede soñar aquí en este plano físico, ni tampoco en los mundos internos.

Quien despierta la Conciencia deja de soñar. Quien despierta la Conciencia se convierte en un investigador competente de los mundos superiores. Quien despierta la Conciencia es un Iluminado.

Las Tres Gracias son las mismas emanaciones de Venus – Afrodita que ayudaron a Perseo, el Semidios griego en el trabajo sobre si mismo.

Las Tres Gracias, son las tres instructoras que, con los nombres de Su Nu, Hsuan Nu y Tsai Nu, en la Edad de Oro de la Cultura china antigua, auxiliaron al Emperador Amarillo, Huang Ti en el trabajo sobre si mismo.

Son también las mismas que mediante las diosas griegas, Era, Atenea y Afrodita probaron las virtudes de Paris.

A las Tres Gracias Amigos, como una derivación del Ser en nosotros, las vamos a encontrar siempre asociadas con todos aquellos que se resuelven a morir en si mismos.

Las Tres Gracias, quieren formar hombres y mujeres pacientes, capaces de soportar las más arduas disciplinas; quieren que los aspirantes a la Luz, sean amigos de la cultura, verdaderos aspirantes a la ciencia pura.

Las Cárites, quieren que los hombres y mujeres tengan sentimientos de artistas, que amen la ciencia, la filosofía y la mística, que vibren deliciosamente con las columnas corintias de Grecia, la amante de la belleza; que sientan en su corazón la mística de un Francisco de Asís y que realmente anhelen la sabiduría de Egipto.

Quieren que en el Hombre y la mujer resplandezca la belleza del espíritu y la fuerza del Amor, que sean a la vez científicos y poetas, que puedan investigar el átomo y detenerse a meditar en el arroyo cantarín que se desliza entre su lecho de rocas,

Quieren que seamos capaces de meditar al pie de las ruinas de Atenas o de la antigua Roma, que sepamos admirar el cincel de un Praxiteles, que sepamos amar verdaderamente a la humanidad entera, que vibremos con la lira de Orfeo y que cantemos con Homero en la tierra deliciosa de los helenos.

Gracias por su amable atención.

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