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Procesos en la región de los muertos

La isla de los muertos. Karl Wilhem Deifenbauch. 1900

Estimado lector que buscas la Sabiduría no sólo para el Saber, sino también para el Ser, antes de entrar de lleno a este enigmático tema de los “Procesos” por los cuales pasa el Alma del difunto en el “más allá”, vamos a tratar de definir primero qué es el “más allá”, como comúnmente le llamamos a la Región de los Muertos.

El más allá o región de los muertos es, precisamente, el lugar reservado para que arriben y vivan, por un tiempo limitado, todas las almas desencarnadas.

¿Dónde se encuentra la región de los muertos? Se encuentra tanto en las dimensiones superiores de la naturaleza (Mundo Astral, Mental, Causal, etc.) como en las infra-dimensiones o infierno (en las entrañas de la tierra).

Las Almas desencarnadas pertenecen a difuntos que llevaron una vida terrenal llena de virtudes; otros fueron malvados; algunos, inocentes; y uno que otro, equivocados sinceros (todas en diferentes grados); es lógico que la región de los muertos debe tener diferentes departamentos, en donde dichas Almas puedan experimentar su propio proceso, sin mezclarse las almas puras de corazón, los malvados, los inocentes, ni los sinceros equivocados.

La Divina Comedia, de Dante Alighieri, narra con lujo de detalles tales regiones:

1.- El infierno para los malvados (9 Círculos para los diferentes grados de maldad).

2.- El Purgatorio, ahí van las almas que se purifican desintegrando hasta las semillas de los Yoes que han disuelto, con la intención de penetrar en regiones más superiores.

3.- El Cielo, paraíso o nirvana, para los puros de corazón (9 cielos con sus correspondientes subdivisiones).

En el instante en que el Alma desencarna pasa al mundo astral, mundo de los sueños o de los deseos; la muerte es como un sueño largo; el sueño es como una muerte pequeña. Cuando uno muere pasa lo mismo que cuando uno duerme y sueña, creemos que estamos en el mundo físico y no nos damos cuenta que estamos soñando. Así, también, cuando uno muere, el proceso se lleva a cabo tan natural que ni remotamente nos damos cuenta que ya fallecimos, incluso asistimos a nuestro propio funeral, pensando que se trata del velorio de otra persona y jamás aceptamos que es el nuestro, así continuamos asistiendo a nuestra propia ceremonia luctuosa, acompañando al cuerpo físico hasta el panteón.

Enseguida empezamos a experimentar una retrospección, reviviendo toda la existencia que acaba de terminar en una forma regresiva, como una película en reversa, con la finalidad de recordar todas las acciones y experimentar un examen de conciencia preparatorio para el juicio que está a punto de iniciar, y nos permita, sobre todo, comprender y aceptar que la sentencia final que dicten los jueces de las leyes divinas, será lo que hemos cosechado).

Tres posibles caminos se abren ante el Alma del difunto:

Unas vacaciones en los mundos superiores (para Almas que llevaron una vida de rectitud llena de virtudes). Retorno en forma mediata o inmediata a una nueva matriz, o descender a los mundos infiernos para efectuar el proceso de la muerte segunda, de la que nos habla el evangelio de San Juan en el Apocalipsis.

1.- Quienes logran el ascenso a la región de los mundos superiores, pasan por una temporada de gran felicidad, pues el Alma o esencia sale de entre el Ego, lo abandona temporalmente, y asciende al mundo de la mente superior, donde se goza de una auténtica felicidad.

Posteriormente, el Alma o esencia abandona el Mundo Mental para entrar al Mundo Causal; esta región es aún más maravillosa, aquí viven los “Hombres Causales” auténticos hombres verdaderos que están trabajando por la humanidad, los Señores de la Ley Divina, los Principados, los Príncipes que tienen el gobierno de los cuatro elementos. En el Mundo de las Causas resuenan todas las armonías del universo; cada planeta tiene una nota clave como resultado de la unión de todos los sonidos del mismo, obteniéndose una melodía deliciosa en la nota “SI”, produciendo un gozo inefable en las esencias que lo habitan.

2.- Pero, desafortunadamente, las vacaciones siempre terminan y, aquí, no es la excepción; llega el instante en el que el Alma que ha entrado al Mundo Causal, debe regresar, debe retornar inevitablemente, para introducirse nuevamente dentro del Ego, dentro del “Yo”. Posteriormente, esa clase de Almas vienen a impregnar el huevo fecundado para formar un nuevo cuerpo y retornar al mundo físico.

3.- Otro es el camino que aguarda a los que descienden a los mundos infiernos, estas Almas son personas que ya cumplieron el ciclo de manifestaciones, o que fueron demasiado perversos, e involucionan entonces dentro de las entrañas de la tierra. En “La Divina Comedia”, Dante Alighieri ubica los círculos infernales en el interior de la tierra, igual que nuestros antepasados de Anáhuac de la Gran Tenochtitlán, ubicaban su Mictlán o infierno en las entrañas del planeta y ellos consideran forzoso el paso por él. Ahora bien, contrario a muchas sectas y religiones, los sabios de Anáhuac, el cristianismo primitivo, los sufis mahometanos, el gnosticismo universal, etc., ven el infierno no como un lugar de castigo, de penas eternas y sin fin, sino como un lugar de instrucción, de purificación, de aprendizaje e ilustración, aspectos necesarios para la conciencia. Sin embargo, aunque no sea un lugar de castigo, debe haber dolor por la cantidad de Leyes que rigen el interior de la tierra, sobre todo al noveno círculo, donde está el núcleo de una materia terriblemente dura, aquí se sufre lo indecible.

Este proceso es espantosamente doloroso, el Ego siente que se rompe en pedazos, que su cuerpo entero se desintegra; pero la justicia y la misericordia siempre trabajan juntas, y una vez cumplido el tiempo y limpiado las culpas, el Alma tiene derecho a quedar libre. Para ello, tendrá que pasar por el proceso de la muerte segunda y, por tanto, sufre un desmayo tremendo; momentos después, la esencia, metida entre el Ego, toma figura infantil, se torna como gnomo o pigmeo (elemental de la tierra) para iniciar con el proceso de la transmigración de las Almas, pasando por los cuatro reinos: mineral, vegetal, animal y, posteriormente, regresar a un cuerpo humano, para volver a iniciar un ciclo completo de 108 vidas y 108 muertes, y así, sucesivamente, por 3000 ciclos.

Para comprender los procesos por los cuales pasa el Alma encarnada en el ser humano, es necesario saber que hay varias Leyes implicadas, Leyes cósmicas, divinales, exactas, donde nada ni nadie se escapa de ellas, por ejemplo, la Ley del Karma y del Darma, Ley del Retorno y Recurrencia, Ley de Misericordia y Justicia, Ley de Causa y Efecto, Ley de Evolución e Involución, etc., también es importante tomar nota que la Gran Ley asigna a cada Esencia nuevas oportunidades para su desarrollo interior hasta cumplir 3000 ciclos de 108 vidas, para finalmente entrar al Absoluto como chispa divina auto-realizada o sin auto-realización, con maestría o sin ella.

Enviado por: Nelly López Villa. Hermosillo, Sonora

Imagen: La isla de los muertos. Karl Wilhem Deifenbauch. 1900

 

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