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Sexualidad trascendente

Sexualidad Sagrada. Plazuelas

Al igual que en las diversas culturas mesoamericanas, en la zona arqueológica de Plazuelas se manifiesta la milenaria sabiduría serpentina a través de la apreciación a la fuerza sexual, como energía no solamente generadora, sino regeneradora de la integridad humana. Ciertamente el sexo es la piedra de tropiezo y roca de escándalo porque, aunque todo ser viviente proviene de ahí, todavía se desconocen sus infinitas posibilidades.

La oculta sabiduría de la energía sexual fue conocida y practicada por los antiguos maestros que habitaron esta zona y entregada de labios a oído solamente a quienes, después de haber pasado por innumerables pruebas físicas, emocionales y volitivas demostraban ser dignos de conocerla. Sin embargo, antes de que estas culturas desaparecieran, se dedicaron a dejar a las futuras generaciones su legado cincelado en piedra para que, “quienes tengan ojos que vean” y “quienes tengan entendimiento, entiendan”.

Gracias a la antropología gnóstica, es posible comprender el significado de aquellas piezas que combinan ciencia, arte, mística y filosofía, como la escultura fálica encontrada precisamente en la entrada del templo principal, indicando el principio de generación que requiere todo ser humano para su transformación radical.

Así como en la India se manifestó el culto a la sexualidad, en este lugar se enfatizó también su importancia. Los hindúes hablaban de tres tipos de tantrismo, entendiendo el tantrismo como el uso que se da a la energía sexual.  El tantrismo negro, que es el uso de la energía sexual  en forma perversa para desarrollar los bajos instintos bestiales, convierte al ser humano en seres terribles y perversos; el tantrismo gris que puede relacionarse con la práctica sexual normal conocida por la humanidad, utilizando la sexualidad  para la procreación y la satisfacción de los instintos; pero también se enseñaba el tantrismo blanco, el cual implica toda una ciencia conocida como la Yoga sexual, a través de la cual el ser humano puede transmutar las fuerzas creadoras en fuerzas espirituales a través de la eliminación de los agregados psicológicos que se manifiestan en el centro sexual como pasión, lujuria, deseo, instintos bestiales, morbosidad, etc.

En el sitio de Plazuelas, hombres y mujeres se preparaban para poder ser instruidos en esta ciencia de la Yoga sexual, especialmente en lo relacionado con el amor, ya que el amor y el deseo son incompatibles. El deseo produce un engaño. El deseo le hace creer que está enamorado, tanto que hasta juraría que está enamorado; pero cuando esas parejas de enamorados que dicen adorarse satisfacen el deseo, entonces la ilusión desaparece y ambos como pareja terminan insultándose, odiándose, lastimándose.

Cuando el deseo se satisface, la venda de los ojos desaparece y el jurado enamoramiento se desvanece también, entonces vienen los lamentos, la desilusión, las lágrimas y el desencanto. Amar cuando hay deseo es imposible, porque el amor y el deseo son incompatibles.

Así que los sabios maestros de Plazuelas enseñaban a sus discípulos las técnicas para diferenciar el deseo del amor, sabían que solamente quienes fabrican su alma saben amar. El yo no sabe a amar; el alma es la que sabe amar, pero para tener alma es necesario primero desintegrar aquellos elementos inhumanos que la aprisionan tales como el deseo, la pasión y la lujuria. 

“El amor tiene su clima propio, su sabor, su felicidad. Eso sólo lo conoce quien ya mató el deseo animal. Eso sólo lo sabe y experimenta quien ya encarnó a su Alma. El Amor no se parece a nada de aquello que la gente llama Amor. Lo que la gente cree ser Amor, es tan solo deseo engañador. El deseo es una sustancia engañosa que se combina maravillosamente en la mente y en el corazón para hacernos sentir algo que no siendo Amor, nos hace creer firmemente que es Amor. Sólo la horrible realidad que se presenta después de consumado el acto y satisfecho el deseo, viene a demostrarnos claramente de que fuimos víctimas de un engaño. Creíamos estar enamorados y realmente no lo estábamos.”

El deseo es una sustancia maligna que puede engañar a la mente y al corazón, se confunde con empoderamiento y propiedad de la persona que se ama; el deseo se manifiesta a través de los celos y del sentido de pertenencia, se relaciona con el miedo a perder lo que se quiere, por eso se dice que el deseo se descompone en muchas sustancias.

El amor verdadero es totalmente diferente, no exige correspondencia, no es cómplice del delito, lo único que busca es la felicidad del ser que se ama. El deseo es dañino, quien está apasionado por una mujer y la pierde por otro hombre, es capaz de hacerle daño a ambos y hasta a él mismo, puede llegar a la desesperación e inclusive al delito.

En ocasiones el hombre y la mujer pueden llegar a sentir los efluvios verdaderos del amor, que es representado por el cisne, pero esta fuerza se disuelve ante las pasiones violentas y el deseo.

En los templos sagrados se enseñaron las técnicas para robustecer al alma y por lo tanto al amor. El alma se fortalece cuando se disuelven los yoes de odio, pasión y lujuria a través de la auto observación y reflexión y con la ayuda de la bendita Diosa del mundo, la Madre Divina.

Es entonces cuando una pareja puede desarrollar una verdadera comunión en las esferas de pensamiento, sentimiento y voluntad. Aquellos matrimonios que fundamentan su relación en intereses económicos o sociales atentan contra el amor y fracasan inevitablemente. Los hombres y mujeres que desarrollan la fuerza del amor, son capaces de comprender y trabajar con la fuerza sexual para llegar a ser íntegro y realizarse a fondo. El sexo es el poder del alma. Los sabios maestros enseñaron a trascender la mecánica del sexo.

Enviado por Susana M. Rodríguez Licea. Calmecac, San Luis Potosí, S.L.P.

Fotografía: Rigoberto Loza

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