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EpílogoPor el Ojo de la Aguja
Apartando de nuestra psiquis cualquier intento de zaherir a los devotos de determinados grupos religiosos, y sin necesidad de pronunciarnos contra ninguna mística institución, afirmamos con gran énfasis que los Evangelios Jesu-cristianos van mucho más allá de las simples creencias, que éllos son –en toda su extensión- un tratado de psicología experimental, una clara invitación a la vivencia o comprobación, y por lo tanto indican cómo aprender a vivir en forma enaltecedora y dignificante, consciente e inteligentemente, de modo tal que el amor sea la fuerza que motorice las actividades de una existencia sincera y verdaderamente cristiana. Personas hay, sin embargo, que en tono doctoral predican la palabra del Señor, más desde sus púlpitos o desde los poderosos medios de comunicación social contradicen la esencia misma del cristianismo, propiciando odios hacia quienes no coinciden con sus elaborados conceptos teológicos, con sus hipótesis, teorías o creencias sobre Dios, el Diablo, los Cielos, los Infiernos, el pecado, los mensajeros de la divinidad, etc. Podemos entonces aseverar que tales personalidades no han comprendido el sentido psicológico y práctico de las parábolas bíblicas, específicamente el de aquella que Lucas transcribe, relacionada con “dos hombres que subieron al Templo a orar”, el uno fariseo que se auto-consideraba justo, rico en cualidades, “diferente a los demás hombres”, y el otro publicano que “no quería ni alzar los ojos al cielo” porque reconocía su propia nadidad, su desnudez y miseria interior, y por ello “se golpeaba el pecho diciendo: Dios, se propicio a mí, pecador”. Y como para que no queden dudas al respecto, en relación con las poses de fingidas mansedumbres, de orgullo místico, y con su antítesis, la humildad, el Maestro de todos los Maestros –el Cristo- concluye su parábola sentenciosamente: “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Porque, ciertamente, grave cosa es sentirse uno rico en conocimientos –en este caso de tipo religioso-, o auto-considerarse superior a fulano o a zutano, ya por haber conquistado una elevada jerarquía eclesiástica o política, ya por poseer grandes propiedades y mucho dinero, o ya por haber obtenido una licenciatura o un doctorado, o quizá por pensar que tenemos gran experiencia debido a la edad. Gentes así, según Jesús El Cristo, “no pueden entrar al Reino de Dios”, vale decir, no pueden acceder a los Niveles Superiores del Ser, quedan incapacitados para un posible desarrollo anímico o conscientivo, para el logro de un psico-transformismo radical. De modo que, eso que las religiones confesionales, dogmáticas y ortodoxas llaman “conversión” resulta inútil y baldío si tanto los dirigentes espirituales como los dirigidos excluyen el trabajo sobre sí mismos, sobre sus particulares psicologías; si desdeñan o subestiman los métodos de la revolución de la conciencia que Jeshuá Ben Pandirá –Jesús de Nazareth- divulgara en las calzadas de Jerusalem, dirigiéndose a aquellos rebeldes inteligentes que tienen ojos, oídos y entendimiento espiritual, o sea, que quieren conocerse a sí mismos y que no se sienten “ricos” en virtudes, que no desprecian a otros por pensar y sentir en forma diferente ni desean títulos, honores y vanas superioridades sobre los semejantes. Franklin Ugas (†) Venezuela.
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