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Epílogo

Por el Ojo de la Aguja

 “Eso de que mi escuela es la mejor y la de mi prójimo no sirve, eso de que mi religión es la única y verdadera y  todas las demás son falsas y perversas; eso de que la mujer de fulano es una pésima esposa y la mía es una santa, eso de que mi amigo Roberto es un borracho y yo soy un hombre muy juicioso y abstemio, etc., es lo que nos hace sentirnos ricos, motivo por el cual es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar en esas condiciones en el Reino de Dios”. (Samael Aun Weor, “Tratado de Psicología Revolucionaria”)

Huehueteotl

Apartando de nuestra psiquis cualquier intento de zaherir a los devotos de determinados grupos religiosos, y sin necesidad de pronunciarnos contra ninguna mística institución, afirmamos con gran énfasis que los Evangelios Jesu-cristianos van mucho más allá de las simples creencias, que éllos son –en toda su extensión- un tratado de psicología experimental,  una clara invitación a la vivencia o comprobación, y por lo tanto indican cómo aprender a vivir en forma enaltecedora y dignificante, consciente e inteligentemente, de modo tal que el amor sea la fuerza que motorice las actividades de una existencia sincera y verdaderamente cristiana.

Personas hay, sin embargo, que en tono doctoral predican la palabra del Señor, más desde sus púlpitos o desde los poderosos medios de comunicación social contradicen la esencia misma del cristianismo, propiciando odios hacia quienes no coinciden con sus elaborados conceptos teológicos, con sus hipótesis, teorías o creencias sobre Dios, el Diablo, los Cielos, los Infiernos, el pecado, los mensajeros de la divinidad, etc. Podemos entonces aseverar que tales personalidades no han comprendido el sentido psicológico y práctico de las parábolas bíblicas, específicamente el de aquella que Lucas transcribe, relacionada con “dos hombres que subieron al Templo a orar”, el uno fariseo que se auto-consideraba justo, rico en cualidades, “diferente a los demás hombres”, y el otro publicano que “no quería ni alzar los ojos al cielo” porque reconocía su propia nadidad, su desnudez y miseria interior, y por ello “se golpeaba el pecho diciendo: Dios, se propicio a mí, pecador”. Y como para que no queden dudas al respecto, en relación con las poses de fingidas mansedumbres, de orgullo místico, y con su antítesis, la humildad, el Maestro de todos los Maestros –el Cristo- concluye su parábola sentenciosamente: “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Porque, ciertamente, grave cosa es sentirse uno rico en conocimientos –en este caso de tipo religioso-, o auto-considerarse superior a fulano o a zutano, ya por haber  conquistado una elevada jerarquía eclesiástica o política, ya por poseer grandes propiedades y mucho dinero, o ya por haber obtenido una licenciatura o un doctorado, o quizá por pensar que tenemos gran experiencia debido a la edad. Gentes así, según Jesús El Cristo, “no pueden entrar al Reino de Dios”, vale decir, no pueden acceder a los Niveles Superiores del Ser, quedan incapacitados para un posible desarrollo anímico o conscientivo, para el logro de un psico-transformismo radical.

De modo que, eso que las religiones confesionales, dogmáticas y ortodoxas llaman “conversión” resulta inútil y baldío si tanto los dirigentes espirituales como los dirigidos excluyen el trabajo sobre sí mismos, sobre sus particulares psicologías; si desdeñan o subestiman los métodos de la revolución de la conciencia que Jeshuá Ben Pandirá –Jesús de Nazareth- divulgara en las calzadas de Jerusalem, dirigiéndose a aquellos rebeldes inteligentes que tienen ojos, oídos y entendimiento espiritual, o sea, que quieren conocerse a sí mismos y que no se sienten “ricos” en virtudes, que no desprecian a otros por pensar y sentir en forma diferente ni desean títulos, honores y vanas superioridades sobre los semejantes.

Copa

Franklin Ugas. Venezuela.

“Para cambiar es necesario saber, para saber hay que aprender y para aprender hay que hacer grandes sacrificios"   —Samael Aun Weor

 

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