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Psicología de Autoayuda

Los Sutiles Lazos del Obstinado

Buitre

A nosotros nos interesa liberarnos del ego. ¿Por qué le pongo obstinado? Porque es el nombre que el Maestro Samael le da  en Pistis Sophía y también es el propio nombre que los antiguos gnósticos le daban al ego en Pistis Sophía. Alguien se preguntará por qué obstinado. Porque el ego tiene la capacidad en nosotros de intentar meterse en todas las diferentes caras y rostros posibles para  vivir en nuestra psiquis.

Yo siempre digo y lo afirmo: alguien que tiene el yo del fanatismo y se  decepciona de sus creencias o de otro lado e ingresa a las filas de la Gnosis, ¿sabéis lo que será? un fanático de la gnosis. Un fanático es aquel que en realidad y en el fondo no cree en lo que predica y para convencerse a sí mismo, necesita convencer a otros de la manera que sea.

El ego es obstinado en todos los sentidos porque él intenta de alguna manera sobrevivir en nosotros por medio de la razón. El ego intenta siempre que lo pasemos a esa faceta que los antiguos indostanes llamaban Ajankara. Ustedes dirán: ¿qué es Ajankara? Ajankara es aquella parte de la mente donde está todo lo que tenemos por sentado. El ego se refina, cambia de forma, pero siempre, de alguna manera u otra, él intenta sobrevivir. El ego en síntesis es esto: Tiempo.

El ego es pasado, porque nosotros vivimos de alguna manera condicionados por el pasado. El ego es futuro, porque de alguna manera nosotros vivimos huyendo de la realidad. Y el ego se acaba, evidentemente, donde únicamente no puede existir, que es en la realidad. Porque el ego está sujeto simplemente a este universo, está sujeto al tiempo, a esta mente entre comillas “luciférica” en la cual vivimos, y deja de existir en el “justo instante”, cuando somos capaces de entrar en el Templo corazón y vivir la filosofía de la momentaneidad.

Las 3 armas que el ego utiliza para sobrevivir en nosotros: Miedo, Fantasía y Pereza. Lo primero que nos dice el ego es lo siguiente: “Si tú no tienes orgullo o si no reaccionas con ira te van a comer vivo”. Y de hecho nos explica sus razones.  Segundo, cuando el ego es demasiado descarado: “¡como la gente se entere que en el pasado hiciste esto, esto y esto, no veas lo que van a pensar de ti!”. O sea, el ego, por miedo, nos habla de sus razones para existir.  ¿Ustedes han decidido alguna vez no pensar? ¿A que al cabo de equis tiempo hay ciertos egos gritones que nos dicen: “si no pensamos, cómo vamos a preparar las oposiciones”, o “cómo voy a preparar el trabajo”, “y si no te preocupas, es que no quieres en realidad a tus hijos o es que eres un vago”?

¿Alguna vez habéis estado meditando y habéis llegado al samadhi?, —que todos seguro que habremos llegado alguna vez al samadhi por un instante— y en ese momento en que estáis agustísimo, que parece que no hay absolutamente nada, de pronto la mente nos dice: “estamos perdiendo el tiempo, ¿qué estas haciendo?, ¡no estás meditando!”, porque hasta la mente quiere conceptuarnos lo que es la meditación.

Pues bien, hermanos, teniendo en cuenta absolutamente todo esto, llegaremos a una conclusión: el ego evidentemente nos da sus razones para vivir. ¿Cuántas veces os habéis arrepentido de no hacer lo que el corazón os ha dicho?

Entonces, si nunca ha salido lo que la mente o el ego dice o nos ha hecho planificar, ¿por qué no utilizamos precisamente las mismas armas de la mente? Y ahora hablaremos de algo que se llama la crisis para que se contradiga. Si hasta ahora lo que se ha planificado con la mente no ha salido, que en vuestra vida han ocurrido cosas y se han desarrollado que ni siquiera habéis pensado ni esperabais, entonces ¿por qué seguimos atados a ese yugo?, ¿por qué seguimos atados a ese cuento? Y si resulta que os habéis arrepentido muchísimas veces de no hacer lo que el corazón os ha dicho, entonces, ¿por qué no le damos una oportunidad al corazón?, me pregunto.

 Otra de las armas que va a utilizar el yo, es la búsqueda de seguridad. ¿Por qué busca el yo seguridad? Porque quiere seguir existiendo. Está clarísimo que hasta la gente en las cárceles llega a adquirir cierto tipo de seguridad y llega a tener miedo hasta de que lo dejen libre. Parece absurdo, ¿verdad? Y, sin embargo, es así. Es que la búsqueda de seguridad es que si dejo de tener orgullo me van a machacar. Un orgulloso es un miedoso.

La otra forma sería la siguiente: que el yo nos dice: “pero bueno, ¡de qué estás hablando! porque tú has hecho esto, esto y esto” y nos larga todo el pasado. Y luego está la famosa mente que nos engaña, el obstinado nos engaña de otra forma y nos dice: “como el ego es malo y tengo vergüenza de que la gente sepa que yo he hecho esto o he pensado lo otro, ¿qué hago cuando veo al ego?, lo reprimo, no lo miro, intento alejarme de él.

El ego nos chantajea con el miedo. Lo primero que tenemos que quitarnos, señores, es el complejo de culpa del ego. Le pregunto a cualquiera de los que están aquí presentes: ¿tú quién eres?, ¿tú quién eres en este momento?  Respuesta: una personalidad, una persona. Si lo asumes, sí. Nosotros somos aquello que le damos la razón, porque lo asumimos. Pero si tú estás viviendo el instante, aquí y ahora, ¿quién eres? Eres el Ser.

Somos el ego simplemente cuando le damos la razón  de existir, el ser cuando vivimos el instante, cuando vivimos el momento. En un momento dado el Maestro Samael nos dijo durante varios mensajes: “No soy la mente”, ¿os acordáis?, decía: “¡meditar!”, “no soy la mente, no soy la emoción, no soy el cuerpo, soy el Ser”. Porque él decía: “uno no puede ser realmente aquello que es pasajero, y las emociones pasan, los pensamientos pasan, el cuerpo pasa, lo que no pasa es el Ser”.

¿Sabéis cómo le quitamos el arma del chantaje?: ¡descubriéndolo!  Cuando uno empieza a observar a la mente y al yo como algo que no somos —y eso lo podemos hacer cuando no le damos la razón de existir— ¿sabéis lo que ocurre? Comenzamos a descubrir lo absurdo del ego y además producimos en el ego algo que se llama esto: crisis.

¿Qué ocurre cuando el ego entra en crisis, cuando estamos utilizando la razón viendo lo absurdo que es? Que la esencia que tiene dentro se revoluciona, porque le estamos quitando la razón al ego y dándole una razón superior que viene del Ser. ¿Por qué? Porque lo hemos conocido. Por la sencilla razón de que podemos conocer aquello que observamos, pero que observamos sin luchar contra ello, sin juzgar, sin condenar, como cuando miramos al loco o a la loca que tenemos enfrente y lo observamos de manera serena. Cuando nosotros comenzamos a actuar de esa forma se produce dentro del yo la crisis.

Os voy a decir cuál es la manera más fácil de limpiar la mente. Porque luchar con la mente no puedo, pero ¿por qué va a luchar uno contra algo que no es él? Que se maree sola. Nosotros tenemos que tomar ejemplo de lo que hizo Hércules, o Teseo, lo que hizo en el laberinto para encontrarse con el minotauro. ¿Sabéis qué hizo Hércules? Hércules bajó a los infiernos. Pero ¿de qué manera podemos nosotros bajar a los infiernos? Algunos de los aquí presentes cree que se elimina un yo insultándole, juzgándole, tirándole piedras. ¿Sabéis cómo se hace? Cuando uno es capaz —como un día explicaba— de utilizar la cruz de los elementos para conseguir un  resultado de tipo superior.

Les pregunto: ¿la Madre divina puede eliminar algo que previamente no haya sido comprendido? No. ¿La Madre divina puede comprender algo que previamente no hayamos observado? Necesitamos primero conocer ¿verdad? Vale.

Decíamos que cada uno de los cuatro elementos, eran un punto de la  cruz y que tenían en común una cosa: que convergían en un punto, ¿verdad? ¿Y cuál era ese punto? El quinto elemento, el éter, fijaos que en el renacentismo, ¿dónde se ponía el corazón de Jesús?, ¿se acuerdan? Yo creo que en el renacentismo el corazón estaba en la parte izquierda y lo ponían en el esternón, en el centro.

Hay una frase que me encanta que dice: “en el centro de la cruz florece la rosa, sin crucifixión no hay ascensión. He ahí tu camino.”

¿Qué es un pensamiento en nosotros?, ¿verdad que es aire?, ¡cuántas ventoleras mentales tenemos a lo largo del día, de la semana, con las inseguridades y con las historias! Si nosotros terminamos en esa ventolera mental, ¿cómo acabamos? Locos ¿Pero de qué manera podemos nosotros trabajar con esto? cuando tengo una locura mental porque estoy identificado con algo que no es real, porque (la mente) me dice: “¿te acuerdas de lo que te dijeron o lo que te va a pasar?” creando inseguridades e historias, ¿de qué manera podemos nosotros acabar con eso? Volviendo ¿a dónde? Al corazón. Es decir, volviendo al quinto elemento, que es el éter. Y ustedes dirán: “ya, te metes en el éter y se acabó la película”. No, meteos en el éter, poneos en observación serena, ser el Cristo íntimo y sumergíos en el pensamiento, y observad todo aquello que piensa pero desde el quinto elemento, serenamente, sin juzgar ni condenar por muchas historias o tonterías que diga.

Cuando eso lo hace el Iniciado descubre que el ego es absurdo, le da a uno vergüenza ajena. Dice: “¡Dios mío, yo estaba identificado con semejante historia…!”. Y produce en el  ego ¿qué? Crisis. Pero ¿verdad que lo mismo va a ocurrir con las emociones? Cuando estamos con unas emociones desbocadas, ¿qué es lo mejor que podemos hacer? Volver al quinto elemento, serenarnos. Yo siempre digo lo que decía mi abuelo, y tenía razón: “cuando estés así cuenta hasta 10 antes de actuar”. ¿Por qué? Porque te separas del ego. No reprimo el ego porque no le tengo miedo —no soy la emoción, ¿os acordáis?— pero sí me meto dentro de ella para observar serenamente todos sus procesos.

Y cuando es una pasión, ¿cómo lo hago? ¿Cómo lo hace un alquimista?, ¿cómo lo hacen ustedes cuando van a ir al arcano? Hay un fuego, hay una pasión que ustedes van a utilizar para ir ¿dónde? “Haz un altar en tu corazón”. ¿De qué altar estamos hablando? El lugar que no buscamos, el refugio. Y buscamos nuestra Divinidad Interior. Entramos, evidentemente, y la ponemos al servicio de la Madre Divina y del Cristo Íntimo.

¿Y qué ocurre con las ataduras, los apegos que representan el elemento Tierra ¿verdad que es lo mismo? a los cuales le metemos nuestra conciencia? Si volvemos al quinto elemento y partimos hasta allí resulta ser que el coche que me poseía, dejo de darle importancia al coche y ya lo uso para lo que realmente sirve, no para que retenga mi conciencia, por ejemplo.

Voy a producir crisis, pero también voy a producir otra cosa. ¿Sabéis qué voy a producir cuando hago esto? Cuando hago todo este trabajo voy a producir algo maravilloso y es: miedo. ¿Pero en quién? En el ego. Al ego le produciré crisis interiores y, como no me importa que los demás destrocen mi auto-imagen, me hacen un favor haciendo polvo la personalidad. Se van destruyendo todas aquellas facetas en las cuales el ego se mantenía haciéndonos chantajes. Mantente sereno —no eres el ego— obsérvalo serenamente, y cuando lo estés comprendiendo y observándolo pídele a tu Madre divina, dale a la Madre divina el poder…, después de haber comprendido aquello que queremos eliminar, porque la eliminación es siempre directamente proporcional a la comprensión. Porque la comprensión ¿sabéis lo que es en realidad? Es darse cuenta.

 Entonces, hemos visto cómo el obstinado nos intenta hacer chantajes por el miedo. También otra manera que tiene el obstinado de sobrevivir bastante curiosa es la ley del Talión, el buscar culpables. “Belén hace 14 años me pisó un cayo que tenía en el dedo gordo del pie y yo se la tengo guardada desde esa época porque me pisó el cayo. Y Robinsón me miró así con el ojo, ¡hay que ver este Robinsón cómo es…! Y otra vez que miro a Robinsón lo veo con el ojo así; ya, aunque esté con el ojo normal, pues yo lo veo con  el ojo así. Y Belén pisándome el cayo. Resulta que la pobre Belén tenía en ese momento dormidas las piernas y no se daba cuenta dónde pisaba, pero yo pensaba que lo que quería era pisarme el cayo y justo que era el único cayo que tenía y era el que me importaba. Y Robinsón tenía un orzuelo en el ojo y, como no lo vi hasta el año siguiente, pues aquello era qué mal me miraba Robinsón.

Enviado por Miguel Ángel Bethencourt Martín, España.

“El hombre que tiene miedo, busca refugio en los montes, en los bosques sagrados o en los templos. Sin embargo tales refugios no sirven, pues allí donde vaya, sus pasiones y sus sufrimientos lo acompañarán.” Dhammapada 14:10-11

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