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Gnosis y Poesía

El Dios Tláloc y sus Ministros

El Tlalocan

Veamos ahora un magnífico poema de la Épica NÁHUATL, relacionado con TLÁLOC, el Dios del Agua:

"El Dios TLÁLOC residía en un Gran Palacio, con Cuatro Aposentos, y en medio de la Casa había un patio, con cuatro enormes barreños llenos de agua".

"El primero, es el del agua que llueve a su tiempo y fecundiza la tierra para que de buenos frutos".

"El segundo, es el del agua que hace anublarse las mieses y hacer perderse los frutos".

"El tercero, es el del agua que hace helar y secar las plantas"...

"El Cuarto, es el del agua que produce sequía y esterilidad"...

"Tiene el Dios a su servicio muchos ministros, -los Elementales del Agua- pequeños de cuerpo, los cuales moran en cada uno de los aposentos, cada uno según su color; pues son azules como el cielo, blancos, amarillos o rojos"...

"Ellos con grandes regaderas y con palos en las manos van a regar sobre la tierra, cuando el supremo Dios de la lluvia ordena"...

"Y cuando truena, es que resquebrajan su cántaro, y si algún rayo cae, es que un fragmento de la vasija rota viene sobre la tierra"...

Samael Aun Weor. Doctrina Secreta de Anáhuac.

En este poema épico náhuatl, además de confirmar la existencia de los elementales de la naturaleza, y acercarnos a la belleza del alma de la naturaleza, de las criaturas elementales inocentes que hablaran nuestros cuentos de niños, tenemos aquí conocimientos que, si los estudiamos a la luz de la Gnosis, nos revelan cosas trascendentales.

Jesús nos habla de la parábola del Sembrador, que si se nos permite compararlo con este poema, encontraremos la misma enseñanza. La semilla de la parábola de Jesús significa la enseñanza Gnóstica, que con gran profundidad nos comenta el maestro Samael que parte de la simiente cayó junto al camino y vinieron las aves mundanales y se la tragaron.

Parte cayó entre pedregales y discusiones, teorías y ansiedades, donde no había gente reflexiva, profunda; no resistió la prueba del fuego v se secó ante la luz del sol, no tenía raíz. Y parte cayó entre espinos, entre hermanitos que se hieren unos a otros con la calumnia, la chismografía y etc. Crecieron los aguijones y las ahogaron.

Afortunadamente no se perdió la labor del sembrador porque parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cual a ciento, cual a sesenta y cual a treinta por uno.

En definitiva los 4 recipientes con que el Dios azteca Tláloc, dios de las lluvias, riega la tierra ayudado de sus ministros, pudiera significar lo mismo, "El primero, es el del agua que llueve a su tiempo y fecundiza la tierra para que de buenos frutos" es la enseñanza gnóstica que llega a personas maduras anímicamente hablando y hacen buen uso de ella, trabajan en forma sincera auto conociéndose, eliminado sus defectos, trasmutando sus energías y sirviendo desinteresadamente a la humanidad, es obvio que en tales condiciones, fecundiza nuestra tierra filosófica y da buenos frutos en nuestro interior, floreciendo las virtudes del alma.

"El segundo, es el del agua que hace anublarse las mieses y hacer perderse los frutos". En este caso la Gnosis no da frutos, no tomamos con la seriedad debida la enseñanza gnóstica, estamos demasiado identificados con los placeres del mundo, con lo ilusorio de esta sociedad actual, queremos que la Gnosis se adapte a nuestra carcomida forma de vivir equivocada.

"El tercero, es el del agua que hace helar y secar las plantas"... se trata de los que ya teniendo la Gnosis en nuestras manos, seguimos haciendo críticas, calumnias, levantando falsos, bien dice el maestro Moria “La murmuración nos separa del auténtico esoterismo”

"El Cuarto, es el del agua que produce sequía y esterilidad"... este recipiente de agua correspondería a cuando la Enseñanza Gnóstica llega a nosotros pero somos gentes superficiales, no hace raíces en nosotros la enseñanza, pues en lugar de vivir la gnosis, nos la pasamos queriendo demostrarle a alguien nuestra consabida superioridad, discutiendo, llenándonos de teorías y no practicamos nada, obviamente viene la prueba del Fuego (Serenidad y dulzura de carácter) y fracasamos en todo.

La Sabiduría Antigua encerrada en los libros sagrados, leyendas, papiros, pirámides, cuentos, poemas, son los que pueden guiarnos en este laberinto intrincado de las teorías. Pongamos todo de nuestra parte para que florezca la Rosa del Espíritu en nuestro corazón.

Enviado por: Ma. Guadalupe Rodríguez Licea. Cursos por Internet.

«Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra,
y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agotó y, por no tener raíz, se secó.
Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Marcos 4

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