CUENTOS Y LEYENDAS
MUY BIEN, MUY BIEN...
En una aldea de
pescadores, una muchacha soltera tuvo un hijo y, tras ser vapuleada, al fin
reveló quien era el padre de la criatura: el Maestro Zen, que se hallaba
meditando todo el día en el Templo situado en las afueras de la aldea.
Los padres de
la muchacha y un numeroso grupo de vecino se dirigieron al Templo,
interrumpieron bruscamente la Meditación del Maestro, censuraron su hipocresía y
le dijeron que, puesto que él era el padre de la criatura, tenía que hacer frente
a su mantenimiento y educación. El Maestro respondió únicamente: “Muy bien, muy
bien…”.
Cuando se
marcharon, recogió del suelo al niño y llegó a un acuerdo económico con una
mujer de la aldea para que se ocupara de la criatura, la vistiera y la
alimentara.
La reputación
del Maestro quedó por los suelos. Ya no se le acercaba nadie a recibir
instrucción.
Al cabo de un
año de producirse esta situación, la muchacha que había tenido el niño ya no
pudo aguantar más y acabó confesando que había mentido. El padre de la criatura
era un joven que vivía en la casa de al lado.
Los padres de
la muchacha y todos los habitantes de la aldea quedaron avergonzados. Entonces
acudieron al Maestro, a pedirle perdón y a solicitar que les devolviera el niño.
Así lo hizo el Maestro. Y todo lo que dijo fue: “Muy bien, muy bien…”.
EL ALACRÁN
Silenciosa
es la luz del sol...
Silenciosa
es la conciencia...
Silencioso
es el corazón del hombre sabio que vive en la luz...
Un maestro oriental que
vio cómo un alacrán se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua, pero cuando lo
hizo, el alacrán lo picó.
Por la reacción al dolor,
el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. El
maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el alacrán lo picó. Alguien que
había observado todo, se acercó al maestro y le dijo: "Perdone, ¡pero usted es
terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?".
El maestro respondió: "
La naturaleza del alacrán es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es
ayudar". Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del
agua y le salvó la vida. No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo
toma precauciones. Algunos persiguen la felicidad; otros la crean.
Umberto Levaggi.
Uruguay