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REFLEXIONES:

La Barbarie Civilizada

“Nada nuevo diremos al manifestar que la mayor parte de los descubrimientos, orientados al principio  hacia el acrecentamiento del bienestar humano, se han desviado rápidamente de su meta y se han aplicado de manera especial a la destrucción. Los instrumentos de paz se convierten en ingenios de guerra, y es bastante conocido el papel preponderante que la ciencia desempeña en las conflagraciones modernas. Tal es, por  desdicha,  el desembocar de la investigación científica”. Fulcanelli,  “Las Moradas Filosofales”.-

Barbarie Civilizada

La Maestra Helena Petronila Blavatsky, al hablar en su “Doctrina Secreta” de las consecuencias que fatalmente habría de acarrear al mundo occidental la ciencia materialista, afirmó que “la más terrible de las guerras será necesaria para que la humanidad abra los ojos y comprenda que el positivismo, escéptico y sensualista, nos conduce a la animalidad, porque la falta de ideales trascendentes, el endiosamiento de la materia y de la fuerza bruta convierten a los hombres en enemigos, los convierten en lobos, en vez de establecer la hermandad y la cooperación”.

Ciertamente –decimos nosotros-, la muerte sucesiva de todos los postulados filosóficos relacionados con el origen cósmico del hombre, el odio hacia todo lo que tenga sabor a Divinidad y la ausencia de una ética revolucionaria surgida del fondo de la Conciencia, acarrea de un modo inevitable el desprecio íntimo a la Ley Natural y secuencialmente a la Ley escrita, a los Derechos Humanos y a todos los Tratados Internacionales que de hecho quedan reducidos a mera palabrería, a simples papeles.

Es obvio que semejante rechazo de las Leyes Divinas y Humanas entroniza el imperio de la fuerza bruta en todas las relaciones sociales e implantan la barbarie civilizada, es decir, el salvajismo tecnificado, la esclavitud seudo-legalizada, el incremento de la técnica y la psicología bélicas, la codificación de algunas costumbres bárbaras, etc.

En nuestras culturas modernas es muy fácil detectar, al lado de algunos aspectos civilizados, el crecimiento siempre progresivo de actitudes bárbaras que florecen a la sombra de todos los medios y facilidades que proporcionan la tecnología y la ciencia contemporáneas.

“Por una parte se ven descubrimientos tales como la penicilina, que es un beneficio para la humanidad, y por otra se ven los inventos de agentes destructivos, tales como los gases asfixiantes y las bombas atómicas. Por cada cosa de naturaleza benéfica que se ha inventado o descubierto, se ha inventado también una cosa opuesta de naturaleza dañina”.

 Sin embargo el hombre de conciencia dormida, lleno de ideas falsas sobre sí mismo, no percibe esta contradicción, se niega a aceptar que la causa-raíz de la barbarie está dentro de él, supone equivocadamente que somos “el más elevado producto de la evolución mecánica” y que por tal motivo “esas contradicciones son pasajeras y circunstanciales, propias de una etapa de transición”.

No obstante, allí están la primera y la segunda guerra mundial destruyendo las grises teorías de los intelectuales, allí están los hechos hablando por sí mismos, señalando con su dedo acusador la barbarie  y la degradación psicológica de los hombres y mujeres que poblamos la faz de la Tierra.

Allí están las tantas guerras locales y las guerrillas, bañando de sangre a ciertos países; allí están por todas partes los desaparecidos de las muchas dictaduras militares, ya de derecha o de izquierda, amén de los paredones de fusilamiento, las cárceles y los destierros. Por allá, por aquí y acullá el crimen cotidiano, la violación sistemática de mujeres y niñas, el rapto, el asalto, la acometida, el robo, el saqueo de las arcas públicas, la explotación inmisericorde de las riquezas naturales, el hambre, la miseria, el desempleo, la inflación, el dinero en manos de unos pocos, el odio entre padres e hijos, las gentes que se casan hoy y se divorcian mañana, la degeneración sexual, la prostitución en gran escala, las drogas, el alcoholismo, la atmósfera contaminada, los ríos y los mares contaminados, las conciencias contaminadas...

La sub-cultura de la barbarie crece simultáneamente con la cultura de la civilización, pero es importante saber que las dos no pueden desarrollarse indefinidamente en líneas paralelas. “Llega el momento inevitable en que la barbarie entorpece el desarrollo de la civilización y gradualmente -o posiblemente con rapidez- la destruye completamente, tal como ya ha sucedido en la caída de otras grandes civilizaciones antiguas, cuya decadencia se debió menos a ataques externos que a la degeneración interna o psicológica”.

Si examinamos la vida moderna sin prejuicios ni preconceptos, “vemos cuán pequeños son los lugares ocupados por los principios civilizadores que no están al servicio de la barbarie”, podemos percibir –entre otras cosas- que la búsqueda de la verdad ocupa apenas un reducido espacio en el pensamiento del hombre contemporáneo, pues sólo vive en función de su querido egoísmo, en temores y vanidades, en distracciones y diversiones, en ansias de acumulación, en el rutinario trabajo diario, en los cuidados y preocupaciones cotidianas, estando por ello infinitamente lejos de la espiritualidad trascendente, de la Gnosis que podría sacarlo del sueño de la conciencia y el subsecuente estado de barbarie.

Aún cuando parezca increíble, la educación actual ha facilitado el desarrollo de la barbarie civilizada porque le da una exagerada importancia a la técnica, a la profesión, convirtiendo al ser humano en un robot, en un ente mecánico, destruyendo de ese modo sus mejores posibilidades.

Y es que “el cultivo de la capacidad y de la eficiencia tecnológica sin una percepción directa del mi mismo, de lo que Yo soy, del propio modo de pensar, sentir y actuar, y por añadidura sin una clara comprensión del por qué y para qué vivimos, únicamente sirve para aumentar nuestra crueldad y nuestro egoísmo, sólo sirve para fortalecer los factores psicológicos que en el medio-ambiente producen guerras, hambre, miseria y dolor”.

Podemos aseverar, en forma enfática, que la ciencia y la tecnología por sí mismas no pueden resolver todos nuestros problemas fundamentales. “El progreso técnico general: sistemas de transporte, máquinas computadoras, cerebros electrónicos de toda especie, etc., resuelven millares de problemas que se procesan en el nivel superficial de la existencia, pero introducen en la vida individual y social otra serie de problemas mucho más amplios y profundos”.

Nadie puede negar que el avance tecnológico y científico es algo fantástico, pero en contrapartida, ¿qué sabemos de nosotros mismos, de nuestro origen, esencia y destino? “Es claro que necesitamos conocer alguna técnica, tener una profesión, pero eso es secundario; lo primario, lo fundamental, es conocernos a nosotros mismos, saber quiénes somos, de dónde venimos, hacia donde vamos y cuál es el sentido de la vida, el sentido del vivir, porque la tecnología –fuera de toda duda- se convierte en un instrumento de barbarie cuando no nos auto-conocemos ni comprendemos el proceso total de la existencia”.

Si los científicos y tecnócratas se auto-conocieran, si comprendieran que la vida sobre la Tierra obedece a desideratos cósmico-divinales, nunca habrían cometido el crimen de fraccionar el átomo para fabricar armas destructivas, jamás habrían permitido que sus inventos le quitaran a la civilización más de lo que ciertamente le han dado.

Ahora entenderán nuestros amables lectores por qué somos unos bárbaros civilizados, esto es: unos bárbaros que poseen cierto grado de cultura.

Franklin Ugas.- Gnosis Venezuela

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