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Capitulo III. La Ley del Destino

En el ser humano existen dos factores perfectamente definidos: LA PERSONALIDAD y la ESENCIA.

Existe también la Ley del Destino (KARMA) Esta gran Ley de Causa y Efecto controla la ESENCIA, pero en forma relativa a la Personalidad Humana.

Considerando las cosas de esta manera, resulta realmente muy difícil pronosticar a la generalidad de los seres humanos el porvenir, del mismo modo que resulta aventurado pronosticar el futuro de una máquina loca sometida a la ley fatal de los accidentes. La Personalidad se forma en el hogar, en la escuela, en le medio ambiente; es el resultado de la educación, del ejemplo de la costumbre, etc. La Personalidad es el INSTRUMENTO DE YO. Otra cosa es la ESENCIA (del alma), la cual es anímica. Por lo común, el embrión del Alma que todo ser humano lleva encarnado, queda detenido en su desarrollo cuando el YO robustece a la Personalidad. El YO es Satán en nosotros. Un YO fuerte y una Personalidad extremadamente desarrollada, son suficientes para detener el crecimiento de la ESENCIA.

La ESENCIA es el embrión de Alma que todo ser humano tiene encarnado; el hombre todavía no ha encarnado su alma. Es absurdo culpar, de todas las miserias humanas, a la Ley del Destino; no negamos la acción del KARMA, pero éste controla la ESENCIA y relativamente a la Personalidad.

Podríamos decir que un cincuenta por ciento de las amarguras de este mundo, son el resultado de accidentes. Echarle la culpa de todo al KARMA es absurdo. La miseria, el crimen, el robo, son el resultado de nuestra falta de CARIDAD. El infeliz que sólo conoció la miseria, que vio a su madre sufrir y morir agotada por el hambre, tiene que odiar a la Sociedad, tiene que declararse su enemigo mortal. No podemos culpar de éste al KARMA, al DESTINO. Somos nosotros mismos los creadores de semejantes monstruos. “Cría cuervos y te sacarán los ojos”.

Algunos fanáticos cuando ven sufrir a alguien, exclaman: “KARMA... KARMA...” y llenos de crueldad se alejan del infeliz. Otros dicen que es castigo de Dios. Culpan de la miseria a la GRAN REALIDAD, ignorando que ésta es paz, abundancia, felicidad, perfección. La GRAN REALIDAD no ha creado el dolor, la miseria; somos nosotros los creadores. Es necesario comprender esto y luchar por un mundo mejor.

Tenemos que remediar esta situación. Así es como se desarrolla el EMBRIÓN DE ALMA, así es como se robustece. Quien se sacrifica y da la vida por los demás, está en camino de llegar a tener Existencia Real. Y todo aquél que tiene Existencia Real, ENCARNA SU ALMA.

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