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CAPITULO SEXTO

ACONTECIMIENTOS HUMANOS

1.- Voy a relatarle un caso que me aconteció hace algunos años. Dejamos la casa en que vivimos durante once años y en la que nos fue bastante mal; como se habían quedado algunas cosas regresamos mi tía y yo a los pocos días; al entrar inmediatamente nos vino un olor a cadáver putrefacto; como quiera que la casa había quedado totalmente limpia, con la curiosidad, subí a la planta alta para revisar y entré a una de las recámaras, viendo en el lugar donde estaba una de las camas un hoyo profundo como si fueran a meter un ataúd; lancé un grito y al oírlo mi tía, subió; al verme tan espantada, salimos inmediatamente de ahí regresando a la casa donde habitábamos.

De ahí, empecé a no tener apetito, poco a poco comía menos hasta que legó el momento en que no podía pasar alimento alguno; en dos meses adelgacé 20 kilos; tuvieron que internarme en un sanatorio y me auscultaron todos los especialistas; ninguno daba qué tenía y estaba muriéndome con un dolor en el estómago que o me dejaba ni un minuto; medicinas, comida, nada podía pasar; todo tenía que ser inyectado.

A los ocho días de haberme internado, entré en estado de coma; los médicos desfallecieron por sanarme; pronosticaron que era cáncer y mi cuerpo en realidad exhalaba el olor del cuerpo canceroso; quisieron operarme mis familiares no lo permitieron; veía siempre junto a mí a un médico con bata blanca desconocido para mí y para mis familiares, pues no tenía existencia en el mundo físico.

Tal Galeno, para todos invisible excepto para mí, me reanimó y prometió sanarme. Ciertamente la palabra se cumplió y fui curada milagrosamente. Cuando los doctores me operaron con el propósito de descubrir la causa causorum de mi enfermedad, con asombro descubrieron que estaba totalmente sana; el supuesto cáncer no existía.

¿Podría usted decirme que sucedió?, ¿Cuál fue el motivo de esta enfermedad? ¿Esto ha sido para mi siempre un enigma.

R.- Con el mayor gusto daré respuesta a su pregunta. Permítame decirle, señorita, que en su pasada existencia acaecida precisamente aquí en la ciudad de México, usted cometió un acto de magia negra con otra persona, produciéndole muerte y el resultado fue su misteriosa enfermedad. Si sanó, si no murió, se debe esto a buenas acciones que permitieron disminuir su Karma. Fue asistida ciertamente por un médico invisible y de ello usted debe estar inmensamente agradecida.

2.- Del primer matrimonio de mi padre fuimos tres; cuando mi hermano mayor contaba con un año, se lo quitaron a mi madre; después cuando yo tenía 5 años, mi madre me entregó a mi papá, el cual vivía con su mamá y mi hermano mayor.

Durante toda mi niñez, nunca tuve el cariño de ninguno de ellos, pues como mi abuelita me odiaba tanto, ellos por no contrariarlo me hacían caso. De mi madre nunca supe si vivía hasta que tuve 15 años; ella sí me dió cariño hasta que murió hace diez años.

¿Quisiera que usted me dijera porque no he podido alcanzar la felicidad y el amor de un hombre, y a que se debió el odio tan grande por parte d mi abuela?

R.- Déle usted vuelta a la medalla de su relato y tendrá la respuesta. Es obvio que todos estos sucesos de su vida son una repetición de la pasada existencia, donde usted, en vez de ser la víctima, fue la victimaria. Aquellos que hoy le han proporcionado tantos dolores fueron en el pasado sus víctimas; eso es todo. Recuerde que la ley del Karma es el fiel balance de todos nuestros casos; no puede existir efecto sin causa, ni causa sin efecto. Usted ha recogido las consecuencias de sus mismos actos. Si usted recordara su vida anterior o sus vidas anteriores, podría verificar la realidad de mis palabras.

3.- ¿Podría usted explicarme porque en la vida no encuentro un amor a pesar de desearlo mucho?

R.- Basados en la ley de acción y consecuencia recogemos lo que sembramos; por consecuencia lógica vemos que usted sembró tempestades y recogió rayos.

4.- ¿Quisiera usted relatarnos algún caso concreto de enfermedad por causa de malas acciones en vidas anteriores?

R.- Con el mayor gusto. En mi pasada reencarnación conocí el caso de un bandido que fue fusilado, esto acaeció en un camino; al bandolero se le llamaba con el apodo del «Golondrino» y cayó en manos de la justicia; se le ató a un árbol y se le aplicó la pena máxima.

Mucho después aquél hombre renació en cuerpo femenino. Un día cualquiera sus parientes me solicitaron ayuda. Una señorita muy distinguida dentro de la cual estaba encarnado el alma del Golondrino, echaba espuma por la boca, se retorcía horriblemente, y gritaba llena de espanto pronunciando frases como las siguientes: «Ya viene la policía por mí; dicen que soy un ladrón, un salteador de caminos; me tienen atado a este árbol y me van a fusilar». Estas últimas palabras iban siempre acompañadas de movimientos en las manos y de esfuerzos como si quisiese desatar lazos invisibles, extrañas cuerdas.

Nuestras investigaciones nos permitieron saber el caso concreto; se trataba pues de una repetición mental del episodio final en la vida anterior de esta alma que ahora estaba encarnada en cuerpo de mujer.

Los psiquiatras fracasaron rotundamente; no lograron la curación. nosotros tuvimos que apelar a ciertas conjuraciones mágicas y el resultado fue asombroso, la enferma sanó radicalmente. No hay duda de que fuimos asistidos por el poder divino del Espíritu Santo.

5.- Vivíamos en una casa con el número trece en la puerta y éramos trece de familia; durante once años en esa casa no hubo más que enfermedades y miseria. ¿Podría usted decirnos a que se debió esto?

R.- Con el mayor placer responderé a su pregunta, distinguida señorita. Recuerde usted el viaje de la nave cósmica de Apolo 13, fue un fracaso completo, se aplazó el plan de la conquista del espacio por los Estados Unidos, estuvieron apunto de perecer sus tres tripulantes, etc. Me viene a la memoria en estos instantes el recuerdo de una noche de año nuevo. Trece personas nos halábamos reunidas alrededor de una mesa; fue entonces cuando en pleno banquete dije a los invitados: uno de los trece que estamos hoy aquí reunidos morirá muy pronto. Tal profecía se cumplió algunos meses después, cuando falleció ciertamente uno de aquellos invitados.

No se extrañe pues, por el fatídico trece; tal número es muerte, fatalidad, tragedia, dolor; empero, también trae el trece nuevas situaciones, pues la muerte y la vida se hayan íntimamente relacionadas, es claro que ustedes estaban pagando espantoso Karma. Eso es todo.

6.- ¿Podría usted decirme porque siempre he fracasado en el amor; cuando he estado a punto de alcanzar la felicidad se me escapa de la mano; aun a pesar de que siempre dicen que me quieren se alejan de mí para casarse con otra?

R.- Con el mayor gusto responderé a su pregunta, distinguida dama. Es claro que su problema no podría ser debidamente comprendido si ignoráramos la Ley del Eterno Retorno: todos los casos son una repetición incesante de las distintas vidas pasadas. Todo ser humano en el pasado ha contraído diversos matrimonios, ha establecido relaciones sexuales con otras personas, etc., el resultado de tales asociaciones conyugales puede ser buena, mala o indiferente. Si nos hemos portado mal con determinado cónyuge, en una nueva vida se establece el reencuentro con sus consecuencias: fracasos matrimoniales, frustramiento de bodas, ruptura de relaciones amorosas, etc. Lo más grave de todo esto es la separación legal obligada por tal o cual motivo y sobre todo cuando hay amor.

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