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Capitulo VIII. Hambre y Miseria en la América Latina

La ALIANZA PARA EL PROGRESO del extinto señor presidente Kennedy es burguesa, no es democrática.

Los veinte mil millones de dólares que Estados Unidos le presta a la América Latina, tienen una sepultura inevitablemente: los sótanos de los bancos y las cajas fuertes de los poderosos.

Estemos absolutamente seguros de que sólo los privilegiados señores de la tierra podrán gozarse esos dineros.

Las pobres meseras de restaurante, el humilde barrendero de las calles, el sufrido limpiador de calzado, el paciente campesino, etc., etc., etc., apenas si, y en forma vaga, tendrán noticias relacionadas con esa cuestión de los veinte mil millones de dólares.

Los veinte mil millones resultan un magnífico regalo para las bolsas de los altos magistrados, estos están ya acostumbrados a resolver inteligentemente cuestiones más difíciles.

Hay un dicho vulgar que reza así: “ANTE EL ARCA ABIERTA EL MAS JUSTO PECA”. La llave del arca la tienen siempre los poderosos.

El Tío Sam podría regalarle sus tesoros a la América Latina sin que por ello terminara en los países latinoamericanos el hambre y la miseria.

Los países latinoamericanos son aparentemente libres y soberanos, pero en el fondo no son libres ni soberanos, son esclavos del Tío Sam.

La América Latina todavía no es capaz de bastarse a sí misma. Todos los países de la América Latina están SUBDESARROLLADOS.

Se equivocan aquellos que piensan que si todos los tesoros de los ricos se repartieran entre los pobres terminarían el hambre de los pueblos. Realmente no sólo no alcanzarían esos tesoros para dar a todos los pueblos, sino que además el hambre se intensificaría.

El único sistema que no fallaría para acabar con el hambre, se llama industrialización.

Si los países latinoamericanos se industrializan totalmente se hacen entonces libres de verdad porque pueden bastarse a sí mismos.

El país que es capaz de producir no sólo todo lo que consume, sino además lo que no alcanza a consumir, se convierte en exportador.

El país que no necesita importar porque puede bastarse a sí mismo, es libre de verdad.

La América Latina todavía no es libre por el hecho de no poder bastarse a sí misma, la América Latina está subdesarrollada.

La América Latina tiene que comprarle al Tío Sam, mercancías de toda especie, máquinas, aviones, automóviles, etc., etc., etc.

El Tío Sam exige el pago con moneda de esa que circula en todo el territorio de los Estados Unidos. El Tío Sam no acepta otro tipo de moneda.

La moneda norteamericana está con relación a las distintas monedas de los países latinoamericanos, demasiado alta.

Cada dólar de los estados Unidos vale en México doce pesos con cuarenta centavos, en otros países latinoamericanos cada dólar vale miles de pesos nacionales.

Los importadores tienen que pagarle a Estados Unidos toda la mercancía importada con dólares o con el equivalente a dólares como si todos los países latinoamericanos fuesen estados del territorio norteamericano.

Los consumidores tienen que comprar caro, al precio equivalente en dólares, porque los importadores no pueden importar barato.

La víctima final de toda esta tragedia es el pueblo, el pobre pueblo sufrido, humillado y explotado.

“LA ECONOMÍA POLÍTICA NO HA DADO NINGÚN RESULTADO FAVORABLE, NECESITAMOS CREAR UNA ECONOMÍA ADMINISTRATIVA”.

La América Latina necesita industrializarse totalmente para hacerse libre de verdad.

Cada país latinoamericano debe crear su propia economía administrativa nacional.

El problema del mundo es el problema del individuo. Si queremos un país desarrollado, desarrollemos al individuo. Si queremos un país industrializado, es necesario habilitar técnicamente al individuo porque lo que es el individuo, es la sociedad.

Las escuelas de educación primaria y secundaria deben habilitar técnicamente al individuo.

Cuando el individuo resuelva su problema económico, la América entera habrá resuelto su problema económico.

En la América Latina los poderosos queman el café o lo arrojan al mar, y derraman la leche dizque para conservar los precios.

Millones de hambrientos quisieran para sí esa leche, y ese café. El Tío Sam se ríe de todas esas cosas y cuando lo molestan demasiado, compra bien barato.

Cuando el capital sea de los trabajadores, no se derramará más leche, ni se quemará el café ni necesitaremos rogarle al TÍO SAM ( los Estados Unidos)

Ha llegado la hora de aprender a pensar por sí mismos. Ha llegado el instante de que los pueblos latinoamericanos comprendan la necesidad de la industrialización.

Ha llegado el momento de que las autoridades comprendan la urgencia de sancionar severamente a los hambreadores del pueblo, a aquellos que queman el café y derraman la leche para conservar los precios.

Los pueblos de la América Latina tienen hambre y mientras unos sucumben de miseria, otros derraman la leche y queman el café.

Los veinte mil millones que Estados Unidos de Norteamérica presta a los países latinoamericanos, no sólo no acabarán con el hambre, sino que además complicarán más la economía de los pueblos.

Los países latinoamericanos con eso de los veinte mil millones contraen de hecho muy grandes compromisos con el Tío Sam.

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