Gnosis Instituto Cultural Quetzalcóatl

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11

Treinta radios convergen en un solo centro; Del agujero del centro depende el uso del carro.

Hacemos una vasija de un trozo de arcilla; es el espacio vacío de su interior el que le da su utilidad.

Construimos puertas y ventanas para una habitación; pero son estos espacios vacíos los que la hacen habitable.

Así, mientras que lo tangible tiene ventajas, es lo intangible de donde proviene lo útil.

 

12

Los cinco colores ciegan el ojo.

Las cinco notas ensordecen el oído.

Los cinco sabores empalagan el paladar.

La carrera y la caza enloquecen la mente.

Los objetos preciosos tientan al hombre a hacer el mal.

Por eso, el Sabio cuida del vientre, y no del ojo.

Prefiere lo que está dentro a lo que está afuera.

 

13

"Acoge la desgracia como agradable sorpresa, y estima la calamidad como a tu propio cuerpo."

¿Por qué debemos "acoger la desgracia como agradable sorpresa"?

Porque un estado humilde es un favor: caer en él es una agradable sorpresa, ¡y también la es el remontarlo!

Por ello, debemos "acoger la desgracia como agradable sorpresa".

¿Por qué debemos "estimar la calamidad como a nuestro propio cuerpo"?

Porque nuestro cuerpo es la fuente misma de nuestras calamidades.

Si no tuviéramos cuerpo, ¿qué desgracias nos podrían suceder?

Así pues, sólo quien está dispuesto a entregar su cuerpo para salvar al mundo merece que se le confíe el mundo.

Sólo aquel que pueda hacerlo con amor es merecedor de ser administrador del mundo.

 

14

¡Míralo, pero no puedes verlo!

Su nombre es Sin-Forma.

¡Escúchalo, pero no puedes oírlo!

Su nombre es Inaudible.

¡Agárralo, pero no puedes atraparlo!

Su nombre es Incorpóreo.

Estos tres atributos son insondables; por ello, se funden en uno.

Su parte superior no es luminosa: su parte inferior no es oscura.

Continuamente fluye lo Innombrable, hasta que retorna al más allá del reino de las cosas.

La llamamos la Forma sin forma, la Imagen sin imágenes.

Lo llamamos lo indefinible y lo inimaginable.

¡Dale la cara y no verás su rostro!

¡Síguelo y no verás su espalda!

Pero, provisto del Tao inmemorial, puedes manejar las realidades del presente.

Conocer los orígenes es iniciarse en el Tao.

 

15

Los antiguos adeptos del Tao eran sutiles y flexibles, profundos y globales.

Sus mentes eran demasiado profundas para ser penetradas.

Siendo impenetrables, sólo podemos describirlos vagamente por su apariencia.

Vacilantes como alguien que atraviesa una corriente en invierno; tímidos como los que temen a los vecinos que les rodean; Prudentes y corteses como un invitado; transitorios como el hielo a punto de fundirse; simples como un tronco no esculpido; profundos como una cueva; confusos como una ciénaga.

Y sin embargo, ¿qué otras personas podrían pasar tranquila y gradualmente de lo turbio a la claridad?

¿Quién, si no, podría pasar, con lentitud pero con constancia, de lo inerte a lo vivo?

Quien observa el Tao no desea estar lleno.

Mas, precisamente porque nunca está lleno, puede mantenerse siempre como un germen oculto, sin precipitarse por una prematura madurez.

 

16

Alcanza el supremo Vacío.

Abraza la paz interior con corazón decidido.

Cuando todas las cosas se agitan a la vez, sólo contemplo el Retorno.

Para florecer como lo hacen, cada una de ellas retornará a su raíz.

Retornar a su raíz es encontrar paz.

Encontrar paz es realizar el propio destino.

Realizar el propio destino es ser eterno.

A conocer lo Eterno se le llama Visión.

Si no se conoce lo Eterno, se sume uno ciegamente en la desgracia.

Si se conoce lo Eterno, todo se puede comprender y abarcar.

Si se puede comprender y abarcar todo, se es capaz de hacer justicia.

Ser justo es ser como un rey; ser como un rey es ser como el cielo.

Ser como el cielo es ser uno con el Tao; ser uno con el Tao es permanecer para siempre.

Alguien así estará a salvo y entero, incluso tras la desintegración de su cuerpo.

 

17

El mejor gobernante es aquel de cuya existencia la gente apenas se entera.

Después viene aquel al que se le ama y alaba.

A continuación, aquel al que se teme.

Por último, aquel al que se desprecia y desafía.

Si eres desconfiado, otros desconfiarán de ti.

El Sabio pasa desapercibido y ahorra las palabras.

Cuando su tarea ha sido cumplida y las cosas han sido acabadas, todo el mundo dice: "¡Somos nosotros los que las hemos hecho!"

 

18

Cuando se abandonó el Gran Tao, apareció la benevolencia y la justicia.

Cuando surgió la inteligencia y la astucia, aparecieron los grandes hipócritas.

Cuando los seis parentescos perdieron su armonía, aparecieron la piedad filial y el amor paterno.

Cuando la oscuridad y el desorden empezaron a reinar en un país, aparecieron los funcionarios leales.

 

19

Renuncia a la sabiduría, abandona el ingenio, y la gente saldrá ganando con creces.

Renuncia a la benevolencia, abandona la justicia, y la gente volverá a sus sentimientos naturales.

Renuncia a la astucia, abandona la agudeza, y los ladrones y malhechores dejarán de existir.

Estos son los tres surcos del Tao, y no son suficientes en sí mismos.

Por ello, han de subordinarse a un Principio superior: ¡Ve lo Simple y abraza lo Primordial!

¡Disminuye el yo y modera los deseos!

 

20

Cuando se abandona lo aprendido, desaparecen las contrariedades.

¿Qué diferencia hay entre "¡eh!" y "¡oh!"

¿Qué distinción puede hacerse entre "bueno" y "malo"?

¿He de temer lo que los demás temen?

¡Vaya tremendo sinsentido!

Todo el mundo está alegre y sonriente, como si festejaran el sacrificio de un buey, como si subieran al Pabellón de Primavera; tan sólo yo permanezco tranquilo e impasible, como un recién nacido que todavía no ha sonreído.

Sólo yo estoy desamparado, como quien no tiene hogar al que volver.

Todo el mundo vive en la abundancia: Sólo yo parezco no poseer nada.

¡Qué loco soy!

¡Qué mente más confusa tengo!

Todos son brillantes, ¡tan brillantes!

Sólo yo estoy oscuro, ¡tan oscuro!

Todos son agudos, ¡tan agudos!

Sólo yo estoy callado, ¡tan callado!

Suave como el océano, sin propósitos como las ráfagas del vendaval.

Todo el mundo está encauzado en lo suyo, sólo yo permanezco obstinado y marginal.

Pero en lo que soy más diferente a los demás ¡es en saber sustentarme de mi Madre!