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Antropología Gnóstica Práctica

“Bien saben los Dioses de Anáhuac que la fundación de la gran Tenochtitlan se esconde entre la noche profunda de los innumerables siglos que nos precedieron en el curso de la historia.  Serpiente, águila, nopal, piedra filosofal, agua del gran lago, extraordinarios basamentos esotéricos de la gran Tenochtitlan” (Samael Aun Weor)

Serpiente. Museo de Antropología e Historia de México

La existencia surge de la gran noche cósmica, a partir de la nada. El germen de los mundos, del universo, del hombre, se depositó en la semilla, en el Iliaster cuando todo lo creado volvió a su origen. La semilla contiene la información de todo lo que fue, es y será.

La cosmogonía y el panteón Nahua de los mexicas que habitaron ‘en el ombligo del mundo’,  ‘en el medio de la luna’, en la ciudad centro de toda América precolombina: Tenochtitlán, explican los principios del origen del universo y del hombre y expresan además, una Antropología que devela los elementos anímicos presentes en el microcosmos hombre, para que éste pueda trascenderse a sí mismo y recuperar su estado de hombre verdadero.

Nos dicen los Nahuas desde la noche de los tiempos, que en el OMEYOCAN, el ombligo del universo, se depositó en el seno de la madre universal el arquetipo de todo lo que ha existido, es la región oscura donde reinan las sombras y el viento (todo es movimiento, la sombra antecede a la gran luz).

El hombre como semilla se fue cristalizando desde su iliaster en el Omeyocan, a través de distintas dimensiones hasta la primera raza polar. La cosmogonía Nahua nos habla de los cinco soles y sus cinco Dioses regentes, que corresponden a las cinco humanidades que han existido hasta ahora. Siendo nuestra actual raza los hijos del quinto sol, representado por Tonatiuh (el luminoso, el que calienta).

En el caos del viento y la sombra del Omeyocan, Ehécatl, el Dios del viento y del movimiento, puso en acción la creación. Quetzalcóatl, el fuego universal del tercer logos fecundó entonces el caos de la gran madre universal Coatlicue y del uno devino en dos.

En la tierra, el sol jaguar dio paso al sol del viento, luego al sol de lluvia de fuego, al sol agua, y a nuestro sol terremoto, narrándonos con ello la creación de la raza polar, la hiperbórea, la lémur, Atlante y nuestra actual raza Aria.

Quetzalcoatl. Museo de Antropología e Historia de la ciudad de México

El macro cosmos llega hasta el microcosmos hombre a través de Quetzalcóatl, del cristo hombre. Como el maestro mensajero de carne y hueso y como principio interior en la naturaleza del hombre que debe ser despertado, logrado, alcanzado y quien es el mismo hombre iluminado, despierto, el ‘Buda’ de la tradición oriental; el Cristo de los occidentales.

A través de la sublimación de la energía creadora se despierta el Kundalini, la Xiucóatl (Serpiente de fuego), que porta  Huitzilopochtli, Señor de la guerra, es quien puede destruir a los agregados psicológicos que cargamos dentro. Huitzilopochtli, nuestro Íntimo, luchó en  contra de los 400 surianos (ego psicológico múltiple), ellos se  alzaron en contra de su madre, el alma divinal del hombre. Huitzilopochtli despierta en el hombre animal, solamente gobernando las aguas de Tláloc. Él rige las aguas espermáticas de vida a través de la sublimación de los átomos solares depositados en las glándulas sexuales, que le permiten al hombre bestia ganar de nuevo su estado angelical.

El drama cósmico y el drama crístico son los emblemas esotéricos encerrados en la creación y en los Dioses Nahuas, mismos símbolos sobre los que se erigió imponente la gran Tenochtitlan de los mexicas, desde el cosmos ignoto, hasta el hombre común que transita por una calle cualquiera.

Tenochtitlan desde la creación, Tenochtitlan ciudad, Tenochtitlan hombre.

Enviado por Rafael Merazo. Colaborador avanzado, El Salvador, San Salvador. Imagen Serpiente, Museo del Templo Mayor y Quetzalcóatl Museo de Antropología e Historia (del Portal www.samaelgnosis.net)

Hablando muy francamente y sin ambages diremos: La Gnosis es un funcionalismo muy natural de la conciencia, una "Philosophia perennis et universalis". Samael Aun Weor

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