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Huehueteotl

Huehueteotl

Escuchamos este nombre “Huehueteotl”, lo contemplamos y nos lleva a la reflexión…, a buscar y tratar de descifrar lo que nos mueve en el interior, porque no todo queda en una simple mirada en el que lo podamos olvidar, hay algo en él, que aunque plasmado en una piedra nos inspira y nos traslada a querer conocer el conocimiento que encierra y nos motiva a algo interno a algo que muchas veces no logramos captar, es por esto que es importante el estudio esotérico de estos esplendores antropológicos que encierran un gran conocimiento y que podemos comprender a través del conocimiento gnóstico.

¿Quién es Huehueteotl? Entre los antiguos aztecas es llamado como el “Dios viejo del Fuego”, se le representa como un viejo cargado de años y que soporta sobre su cabeza a un enorme brasero. No es solo un ídolo, o una representación de los antiguos aztecas al que siempre adoraron Se le llama dios viejo del fuego precisamente porque representa que es lo único que perdura , es la energía que a todo le da vida; es el fuego interior, el fuego sagrado y el fuego interno cósmico  

Huehueteotl  

• Se encuentra como un verdadero maestro en las dimensiones superiores de la naturaleza,

• Se encuentra como elemento natural

• Se encuentra dentro del mismo ser humano  

• Y se encuentra latente en todo lo que nos rodea,  

Quizás nos cause admiración esto que estamos afirmando sin embargo de todos los fenómenos físicos que se suceden a nuestro alrededor, tan solo podemos percibir una millonésima parte de tales fenómenos, es decir, existen una multiplicidad extraordinaria de fenómenos físicos que acaecen a nuestro alrededor, y que no somos capaces de percibir.  

Estamos dormidos, pero creemos estar despiertos, no admitimos estar dormidos, hasta nos ofendemos cuando alguien nos trata de tales por cuales, más en verdad necesitamos despertar.  

Inclusive los cuatro evangelios insisten en la necesidad de despertar, si nosotros estuviéramos despiertos podríamos ver, oír, tocar y palpar las grandes realidades de los mundos superiores, si nosotros estuviéramos despiertos, la vida para nosotros sería totalmente diferente, no seríamos víctimas de las circunstancias, podríamos manejarlas a voluntad, mas nosotros en verdad no estamos despiertos, nosotros estamos profundamente dormidos, nosotros dormimos profundamente, ignoramos que ignoramos.

Así pues, Huehueteotl, como individuo sagrado, es un rey angélico, alguien que se autorrealizó íntimamente, bajo cuya rectoría trabajan billonadas y trillonadas de salamandras (criaturas del fuego), estos dioses aztecas o maestros relacionados con los elementos radican el mundo causal, el reino de las salamandras se encuentra en el sur, para poder dirigirnos a ellas es necesario a través de meditación y oración consciente, pedirle a Huehueteotl la debida autorización de acuerdo con las leyes divinas algo que necesitemos por ejemplo: a tener serenidad, fuerza espiritual, energía.  

Los dioses elementales de la naturaleza, en este caso Huehueteotl asisten a las personas en sus peticiones a condición de una conducta recta, pero no olvidemos a nuestro intercesor elemental, que puede invocar a los dioses elementales de la naturaleza y realizar prodigios. Para dominar y servirse de los elementales de la naturaleza, en forma completa y definitiva, es indispensable eliminar previamente al ego animal.  

Como elemento natural es el fuego que anima a la naturaleza, la energía que todo lo sustenta, entre los cristianos primitivos este elemento fue el inri, en la india el prana, energía vital o crística, es el tao chino, el Zen budista, se encuentra en toda la naturaleza, es también el fuego sagrado que radica en el cosmos, es por eso que se menciona que Huehueteotl fue el último en llegar a la asamblea de los Dioses, ya que este fuego sagrado nunca desaparece, se encuentra latente en todo lo que nos rodea ya que el fuego es la vida; en realidad de verdad, existimos por el advenimiento del fuego, dejamos de existir cuando el fuego abandona la forma.

Dentro del ser humano es el anciano de los días, Keter, es el anciano de los días, es el ser de nuestro ser, el padre y madre en nosotros los Nahuas le llamaban Huehueteotl, el padre de los dioses y de los hombres, el dios viejo, la primera y la última síntesis de nuestro ser.  

El anciano de los días es la bondad de las bondades, la misericordia infinita, lo oculto de lo oculto. El mantram pander, seguido por la meditación nos permite llegar hasta él.  

Beethoven al sentir tan cruelmente los rigores y pruebas de la “Noche espiritual”, en vez de fracasar como muchos aspirantes, fue abriendo los ojos de su intuición al súper naturalismo misterioso, a la parte espiritual de la naturaleza, a esa región donde viven los reyes angélicos de esta gran creación universal, como Huehueteotl, Tlaloc, etc.

Enviado por: Ma. Guadalupe Rodríguez Licea. Comisión de Internet. Fotografía: Francisco Ismael Moreno Luna. Museo de Antropología e Historia. México, D.F.

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